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Guerra en el mundo de la moda | Carlos Siula

  • Carlos Siula

PARÍS, Francia.– Una guerra implacable acaba de estallar en el mundo de la moda, que puede revolucionar el ritmo de las colecciones y modificar los hábitos de compra.

Por una parte, están los creadores y las grandes empresas de moda de Estados Unidos y Gran Bretaña, partidarios de pasar de la edad de piedra a la era industrial. Por otro lado, se encuentran las grandes firmas europeas, sobre todo de Francia e Italia, que se consideran “dueñas” de una tradición centenaria y se resisten a aceptar el cambio. También se podría presentar como un enfrentamiento entre dos concepciones del comercio o un duelo entre anglosajones y latinos.

El universo de la moda, en todo caso, parece estar en vísperas de una auténtica revolución, que consistiría en cambiar el calendario de las colecciones y comercializarlas en el acto, como proponen los innovadores anglosajones. Las grandes “maisons europeas”, sin embargo, reflexionan sobre las consecuencias que semejante decisión tendría sobre el proceso creativo.

La señal que acaso todos esperaban se produjo el 5 de febrero pasado. Ese día, que tal vez quede en la historia de la moda, la firma británica Burberry anunció su intención de cambiar la forma de crear, presentar y vender sus colecciones. Desde septiembre próximo quiere reemplazar el actual calendario de cuatro desfiles anuales por solamente dos shows, que incluirán las colecciones de hombre y de mujer, sin temporalidad. Pero, sobre todo, la célebre marca británica prevé poner en venta todas las novedades en sus boutiques y en su sitio en línea, inmediatamente después de los desfiles. El seísmo se hizo oír en los cinco continentes, porque ese cambio debería transformar profundamente el paisaje de una moda que se interroga desde hace tiempo sobre la pertinencia del calendario actual.

Hasta hoy, las colecciones femeninas de prêt-à-porter se presentan separadamente dos veces por año (primavera-verano en septiembre y otoño-invierno en marzo). Y, sobre todo, las prendas llegan a las boutiques prácticamente entre tres y cuatro meses después de haber sido desveladas a la tierra entera a través de la prensa y las redes sociales.

Para remediar en parte a esas demoras, contrabalancear la fast-fashion de las marcas de consumo popular, capaces de renovar sus prendas todas las semanas, y contentar al consumidor ávido de novedades, las firmas de prêt-à-porter inventaron hace unos años el sistema de “pre-colección” (los famoso resort o pre-fall), que se introducen discretamente en medio de una agenda ya bien cargada.

“Todos están cada vez más desorientados”, afirman en resumen los partidarios del cambio: los clientes se sienten sumergidos, los creadores agotados, la prensa desconcertada y los compradores de moda perdidos bajo una avalancha de novedades.

Aprovechando la iniciativa de Burberry, muchas personalidades de la moda denunciaron el “tempo” totalmente anacrónico que tiene todavía el mundo de la moda. Uno de ellos fue Tom Ford, que anunció su intención de atrasar de febrero a septiembre su colección otoño-invierno, a fin de que esté disponible a la venta inmediatamente después del desfile. “Estamos funcionando con un calendario de otra época”, insistió. “En un mundo que se ha vuelto instantáneo, no tiene sentido el sistema actual de presentar una colección cuatro meses antes de que esté disponible”, concluyó.

TOM FORD. “La moda actual vive un tempo totalmente anacrónico”.

TOM FORD. “La moda actual vive un tiempo totalmente anacrónico”.

“No podemos continuar con este modelo”, ratifica Diane Von Furstenberg, presidenta del Council of Fashion Designers of America (CFDA), el organismo que centraliza la ofensiva. La diseñadora acaba de confiar a la empresa de estrategia Boston Consulting Group la misión de repensar la Fashion Week de Nueva York. “La cobertura de los desfiles en las redes sociales produce una confusión total en el consumidor y alienta a los falsificadores”, afirma.

DIANE VON Furstenbeg. “No confundir al comprador y evitar las falsificaciones”.

DIANE VON Furstenbeg. “No confundir al comprador y evitar las falsificaciones”.

Los anglosajones no son los únicos que pretenden modificar el calendario. Hace dos años, el creador belga Jean-Paul Lespagnard decidió lanzar su concepto “from showroom to shops”, transformándose en el pionero de la tendencia.

Lo mismo sucede con el creador anglo-colombiano Esteban Cortázar que, en septiembre de 2014, para su primer desfile parisino, lanzó un “business plan hors système” (proyecto al margen del sistema): vendió su colección a los distribuidores antes de la presentación y después la mostró a la prensa.

Pero esa idea no suscita un entusiasmo unánime. Tras reflexionar sobre el tema, la Federación Francesa de la Costura —apoyada por los modistas italianos— defienden el calendario actual. Argumentan que el cambio de sistema obligaría a introducir enormes modificaciones de carácter industrial en la fabricación de las prendas y accesorios.

“No nos parece prudente solicitar a nuestros creadores que muestren sus colecciones primero a los distribuidores y “congelarlas” para desvelarlas en las pasarelas algunos meses después”, explica Sidney Toledano, presidente de la Federación. En otras palabras, los grandes nombres de la moda francesa como Dior, Chanel o Saint-Laurent dijeron “no” a un eventual cambio de calendario de los desfiles parisinos.

SIDNEY TOLEDANO con su esposa Katia y Karl Lagerfeld. El deseo y la espera forman parte del placer.

SIDNEY TOLEDANO con su esposa Katia y Karl Lagerfeld. El deseo y la espera
forman parte del placer.

Frente a la lógica comercial, París —que todavía se proclama capital mundial de la moda— prefiere privilegiar la creación ofreciendo a los diseñadores la posibilidad de mostrar sus colecciones el día del desfile, para poder comenzar sin otras preocupaciones el capítulo de la nueva temporada. “Le damos mucha importancia a tres criterios fundamentales: el savoir-faire, la creación y la innovación”, afirma Toledano.

Todos los estudios y encuestas parecen indicar que el lapso entre la presentación de la colección y la comercialización no constituye ningún problema para los clientes europeos. “Es más —concluye Toledano—, el deseo y la espera forman parte del placer que procura la compra de una prenda o un producto de gran calidad”.

A pesar de la resistencia, todo parece indicar que, tarde o temprano, la tendencia es irreversible. La mayor presión a favor del cambio surgirá sin duda en Estados Unidos y Gran Bretaña, donde los clientes tienen un comportamiento diferente a los consumidores europeos. Además, las nuevas exigencias de la inmediatez y la terrible competencia de las firmas de consumo popular pueden obligar al resto del mundo a aceptar un cambio que está en “el aire del tiempo”.

/arm