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Gustavo Sánchez, claro ejemplo del que quiere… puede

  • De carne y Hueso: Sonya Valencia

El 7 de septiembre iniciaron los juvegos paralímpicos de Río 2016. Desde esta fecha, y hasta el 18 de septiembre, participarán aproximadamente 4 mil 350 deportistas que competirán en 22 especialidades.

Para orgullo de nuestro país, uno de los nadadores más destacados es Gustavo Sánchez, a quien se le ha calificado como “increíble e impresionante”, por la destacada participación que tuvo en Londres 2012, el primer Paralímpico de su carrera, donde conquistó cinco medallas, dos de oro, una de plata y dos de bronce,en nado paralímpico.

Con 22 años de edad (nació el 3 de mayo de 1994), Gustavo vino al mundo con una malformación congénita de ambas piernas y del brazo izquierdo, razón por la cual cuando era niño apenas podía mantenerse en pie. Sus papás y sus hermanas mayores lo ayudaban en lo indispensable, más no en aquello que consideraban podía hacer, como encender la luz, por ejemplo, porque lo que le enseñaron fue que debería enfrentar con éxito todos los obstáculos que tuviera enfrente.

El primer encuentro de Gustavo con el agua fue a los seis meses de nacido. Y le encantó. Sus padres se dieron cuenta de que conforme crecía, todo lo quería hacer en el agua: comer, dormir, jugar, estudiar…

A los tres años, los médicos les recomendaron someterlo a terapias acuáticas, “para realizar ejercicios que lo ayudarían a desarrollar la fuerza necesaria que requerían las otras partes del cuerpo, como el dorso y el brazo derecho”, ha dicho su padre. Fue entonces cuando su entrenador se dio cuenta que tenía potencial como nadador. “Posteriormente mis padres me inscribieron en Pumitas natación, donde gracias a la motivación y confianza que me brindó mi profesor, poco a poco fui escalando hasta llegar donde me encuentro ahora”, declaró Gustavo cuando apenas contaba con 16 años de edad.

Fue en esa alberca donde aprendió a flotar y a nadar más rápido que los demás, donde quedó demostrado que tenía madera como para entrenar a niveles de alto rendimiento. A los ocho años llegó su primera medalla de participación, todavía ahí en Ciudad Universitaria. A los nueve, su primera medalla de oro nacional. Desde entonces, 2007 a la fecha, ha destacado en campeonatos nacionales, dos Juegos Parapanamericanos (Guadalajara 2011 y Toronto 2015) y unos Paralímpicos (Londres 2012), a lo largo de los cuales ha batido varios récords y conquistado 120 medallas, aproximadamente. (Fuente: Fundación Landsteiner por el Deporte).

Gustavo es el más pequeño de la familia Sánchez Martínez. Su madre María Elena, es profesora y ex directora de posgrado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Tiene dos hermanas mayores, Jimena y Gabriela, la primera diseñadora gráfica y la segunda diseñadora industrial. Su padre Gustavo, es quien desde que se inició en la práctica de natación, se dedica en cuerpo y alma a él. Diariamente lo lleva a sus entrenamientos en CU y en el Centro Paralímpico de la Conade.

Llegar hasta donde ha llegado no ha sido tarea fácil para Gustavo. Como tantos otros atletas, ha enfrentado enfermedades y otras situaciones que lo han alejado de los entrenamientos y que incluso, lo han obligado a hacer pausa en su trabajo de todos los días. Pero gracias a una mentalidad positiva ha logrado salir adelante y estar listo para el nuevo reto, informa Landsteiner Scientific empresa que, mediante incentivos económicos permanentes, busca fomentar el crecimiento del deporte mexicano de alto rendimiento. “Creo que todo pasa por algo: hay que saber valorar lo que te pasa, sea bueno o sea malo. Dentro de lo malo, sacar lo positivo y sacar las conclusiones de por qué pasó y evitar justamente que vuelva a pasar. Todavía tengo buen nivel para seguirle dando y para llegar a donde vamos a llegar: a competencias de élite, a las grandes ligas”. Como participante en los Juegos de Río 2016, Gustavo siente la adrenalina y los nervios de participar en esta competencia. No ha sido fácil llegar hasta la antesala de una nueva oportunidad por alcanzar la gloria, pero está convencido de que el objetivo lo vale:

“Conseguí mi clasificación a base de esfuerzo, dedicación, sacrificio; de alto rendimiento; de dejar muchas cosas: reuniones familiares, novia, amigos. Es un poco difícil, porque luego te hartas pero, definitivamente, para todo hay tiempo. Y lo vale, por el simple hecho de saber que se está izando la bandera de México y que se está tocando nuestro himno por un esfuerzo que tú hiciste: eso ya lo viví, por eso es que lo puedo contar. Y me gustaría que se volviera a repetir, por supuesto, todas las veces que se pueda”., finaliza este joven que sin duda es un claro ejemplo de que cuando se quiere, se puede. ¡Suerte
Gustavo!