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“Habemus Papam” / De Justicia y Otros Mitos / Sergio Arturo Valls Esponda

  • Sergio Valls Esponda

Son las dos palabras con las que se anuncia la elección de un nuevo líder de la Iglesia católica “Tenemos Papa” es el significado, la última vez que se escuchó fue el 13 de marzo del 2013 después de que saliera humo blanco de la chimenea del Vaticano y repicaron sus campanas. Era el segundo día de cónclave, y tras varios minutos de espera, el protodiácono, asomó en el balcón central de la basílica de San Pedro y anunció a Jorge Mario Bergoglio como el nuevo Papa.

Entre los miles de fieles en el Vaticano, en la primera línea se podía ver una bandera argentina, dos estadunidenses, una española y una mexicana.

Según el ritual tradicional, un cardenal le preguntó a Bergoglio si aceptaba o no ser papa. Luego le explican bajo qué nombre lo sería. El Pontífice pasó a una habitación ubicada a la izquierda del altar mayor de la Sixtina conocida como “sala de las lágrimas”, meditó, se vistió con una sotana blanca, luego regresaría a la famosa Capilla, en donde fue recibido por los cardenales, que le presentaron su obediencia.

El texto de la fórmula está parcialmente inspirado en el evangelio de San Lucas 2:10-11, el cual registra las palabras del ángel anunciando a los pastores el nacimiento del Mesías: “No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor”.

Habemus Papam es también el título de una excelente película italiana poco conocida en México. El tema es provocador, tras la muerte de un Papa, cardenales de todo el mundo se reúnen para elegir a su sucesor. Después de varias votaciones, se ve, por fin, la “fumata bianca” que indica que “habemus papam”. Los fieles que se han congregado en la Plaza de San Pedro esperan con entusiasmo y fervor que el nuevo pontífice, siguiendo la tradición, se asome. Sin embargo, esperan en vano.

Mientras la inquietud se apodera del mundo entero, en el Vaticano, se busca una solución para superar la crisis ocasionada por un cardenal que, en contra de sus deseos, fue elegido Pontífice. En una desesperada decisión se llama a un psiquiatra para ayudar al Papa a superar su pánico pues por alguna razón, no está en condiciones de soportar la responsabilidad. Entre los problemas que enfrentan las sesiones es que el doctor no es creyente y que los conceptos de subconsciente y alma son totalmente incompatibles. Una escena importante es cuando le preguntan durante una sesión sobre su profesión, el Vaticano no quería que supiera que el paciente es en realidad el Papa, contesta: “soy actor”. Algo positivo de la película es la forma en que se humaniza la figura papal en una parte en que burla la seguridad y se mezcla con la gente común pues nadie lo reconoce al no haberse anunciado oficialmente su elección. No es diferente a cualquier hombre de 70 años con un aspecto bonachón. El final es sorprendente. La película se estrenó en abril de 2011 y fue premiada en el 64° Festival de Cine de Cannes. Ojalá la vea.

La próxima visita del papa Francisco ha despertado enorme interés entre los mexicanos, más allá de la inútil discusión de si se trata de una visita pastoral o de estado, me parece obvio que es de ambas. Trae algo con el que nos urge: esperanza.

La anterior visita papal, ante el poco carisma de Ratzinger y el momento – marzo 2012 – fue algo fría y politizada pues se dio a unos meses de la elección presidencial y únicamente visitó Guanajuato, por lo que muchos levantaron la ceja ante lo que pareció un desprecio a la Ciudad de México y a su Virgen Morena.

Debemos procurar que los mensajes de unión, paz y dignidad permanezcan entre nosotros una vez concluida la visita. Recordar que las verdaderas transformaciones que el país requiere solo dependen de nosotros. Que cuando alguien hable de Mexicanizar sea como ejemplo a seguir y no un peligro.