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Hablando de espionaje internacional

  • Rosamaría Villarello

El tema del espionaje tan de moda lo es no por la actividad en sí misma, que de hecho existe desde el surgimiento de la humanidad, sino porque de tiempo en tiempo surge como forma que erosiona más las relaciones entre los Estados.

Los gobiernos lo utilizan según sus causales reales o imaginarias con fines muy precisos de mantener su poder, acrecentarlo o para incluso sobrevivir en diversos escenarios. Hay espionajes de todo tipo: militar, industrial, comercial, nuclear, ideológico, deportivo y últimamente parece que ha repuntado el electoral, entre otros; y por supuesto sobre la vida personal.

También el espionaje se ha globalizado, tan es así que hay todo una gran industria tecnológica auspiciada por gobiernos o particulares que ha superado los viejas y los no tan viejas prácticas pues muchas de ellas están vigentes como la de recurrir a personas, funcionarios o agentes diplomáticos. Todavía están en nuestra memoria y aún en nuestra vida las famosas valijas diplomáticas que contenían documentos o conversaciones encriptados que al final todo mundo traducía. Incluso de manera interna, se ha llevado a cabo cuando sobre todo hay fuertes oposiciones y corrientes, por lo que todo mundo vigila a los otros.

Grandes artefactos, cintas, grabadoras se usaban y han sido sustituidos por otros más sofisticados desde que se inventaron las computadoras y demás aparatos electrónicos, junto con la inventiva, capacitación y especialización de personas para operarlos. Tenemos varios ejemplos actuales que se han hecho famosos gracias a sofisticados sistemas para tener acceso a todo tipo de documentos, inclusive con fuertes intereses económicos.

Aunque sea una actividad se podría decir cotidiana no cabe duda que espiar a los demás debilita la confianza entre los Estados e incluso se ha tratado de poner fin o más bien limitarla sobre todo entre quienes se consideran socios o aliados; lo que no ocurrió por cierto ni siquiera cuando terminaron formalmente los grandes conflictos bélicos del siglo XX.

Llegó a ser tan insostenible el espionaje que en 1961 tuvo lugar la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas para “evitar” continuar con esta práctica que era ya masiva tanto a nivel local como internacional. Sobra decir que conforme se fueron dando los nuevos reacomodos mundiales y cambiando sobre todo los modelos de gobiernos, las intenciones de la Convención se quedaron así. Incluso la rivalidad Este-Oeste multiplicó los países que se decían necesitados de espiar para poder sobrevivir en ese ambiente tan hostil e incluso mantener un cierto control político internamente.

Hoy está en la práctica de cada día las acusaciones en contra de varios países por espionaje. Estados Unidos y Rusia son los principales acusados, pero lo mismo los acusadores son señalados como Alemania, China, Cuba por ejemplo; o como lo fue hasta el mismo Vaticano. Nadie se salva ni está libre de culpa.

No está muy lejos una iniciativa que promueva la ONU, como la de Viena, que revise y se discuta abiertamente el tema y tratar de ponerle nuevamente un límite y revisar las reglas del juego, pues el ambiente está muy cargado y amenaza con desbordarse.