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¿Habrá alternancia en Coahuila?

  • Juan Antonio García Villa

Como en otros tres estados, ayer hubo elecciones en Coahuila. Fueron para gobernador, ayuntamientos y diputados locales. Estas líneas se escriben antes de la jornada electoral. El autor desconoce por lo tanto el resultado de esos comicios al momento de redactar, que seguramente el lector ya sabe, o cuando menos sus cifras preliminares. Sin embargo, vale la pena hacer algún comentario previo al ignorado desenlace.

Lo más esperado de estas elecciones de Coahuila fue que con ellas se lograra la alternancia. Es decir, el relevo en el gobierno estatal de un partido por otro, después de permanecer el mismo grupo político en el poder por al menos durante nueve décadas. De las 32 entidades federativas del país solo otras cuatro -ninguna del norte- no han tenido esta saludable experiencia política, tan ligada a la democracia.

Parece increíble que la tierra de Francisco I. Madero, a lo largo de casi un siglo, no haya tenido alternancia. Pero aún más increíble que ésta no se haya registrado a pesar de los pésimos gobernantes, en particular los de los últimos años, que literalmente saquearon las finanzas del estado, que aterrorizaron, engañaron, mintieron, reprimieron, compraron conciencias, hayan permanecido en el poder durante tanto tiempo. Y además simulando ser demócratas.

A pesar de los excesos que de otros estados se han tenido noticias, todo parece indicar que los gobernantes coahuilenses, al menos en lo que va del siglo, son los verdaderos campeones de la arbitrariedad, el abuso y la rapiña. Y esto con los datos hasta ahora sabidos, pero con la información que se llegue a conocer si la alternancia se consuma, se confirmará entonces que la infamia no tuvo límites.

Con pleno conocimiento de causa se puede afirmar, sin titubeo alguno, que durante el proceso electoral lo más deseado por la inmensa mayoría de los ciudadanos coahuilenses consistió en tener un cambio en el gobierno estatal. Así lo confirmaron durante los últimos meses la casi totalidad de las encuestas, al menos las más serias. Incluso así lo pusieron de manifiesto los propios candidatos del oficialismo priísta, al aprovechar cuanta oportunidad tuvieron a lo largo de la campaña al tratar de deslindarse del moreirismo, claro, procurando no ofender a sus patrones y jefes. Pero su actitud fue clara.

Si la alternancia finalmente se dio, santo y bueno, misión cumplida. Coahuila ha llegado así a un momento estelar de su historia. Ahora será necesario consolidar este importante avance. Hay muchas tareas por hacer y numerosas metas por cumplir. Tener presente que alternancia no necesariamente significa transición a la democracia y menos aún la plena consolidación de ésta. No olvidar aspectos esenciales. Entre otros, quizá el más relevante, hacer que la legislatura estatal tenga la centralidad que debe tener. Que debió haber tenido para evitar la infamia que ahora empezará a ver su fin.

Si infortunadamente la alternancia no se logró, a pesar de haber estado presentes, como nunca, todas las condiciones para lograrla, seguramente fue un efecto no deseado de haber dispersado entre tres candidatos el voto opositor: el de Acción Nacional y de dos expriistas, uno que participó como independiente y otro postulado por Morena. Pero si fue resultado de un efecto deseado, que desde luego no se afirma sino solo se plantea como hipótesis, significará entonces que la infamia habrá adquirido otra dimensión y ensanchado sus límites.