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Hamlet | Entre piernas y telones | Claudia Romero

  • Entre Piernas y Telones : Claudia Romero

Por fortuna, el daño no llega a más

Una de las obras que más me apasionan en la vida es Hamlet. Sé que es trillado, pero sencillamente me encanta. Persigo todos los montajes. Pues la nueva puesta en escena de Flavio González Mello no fue la excepción. A través de una colaboradora de la producción, conseguí boletos, que se agotaron desde el día en que anunciaron el estreno. Cuarenta espectadores, un reparto prometedor, el equipo creativo interesante y mi texto favorito. Mes y medio esperé para asistir.

Tres actos, cuatro horas. Seguro no cortaron nada. Pues bien, además de que cortaron escenas, el traductor, adaptador y director movió el texto solo cuando le acomodó y cuando no, lo dejó tal cual, es decir, no hay un lenguaje común, a veces es actual y otras es original y no supe porqué. Además, emite sus comentarios y opiniones, lo que interrumpe constantemente la acción para emitir juicios personales. Está bien que Hamlet sea una obra de interiorización, pero de los personajes, no del director. Otra cosa que nunca entendí es por qué Polonio es médico, también me pareció que sosvlo fue una ocurrencia, porque en ningún momento se sostiene. Agradezco que los monólogos del personaje principal se hayan repartido entre el resto de los actores, pues con todo lo impresionante que es la presencia del Pedro de Tavira, es un poco pesado en su discurso.

No estoy en contra de la desacralización de los clásicos, me encantan las nuevas propuestas con sentido, por lo menos un sentido, en este caso me parece que Hamlet es un vertedero de ocurrencias, diría Margules. Pero no todo es malo, me encantó la propuesta escenográfica y la iluminación. También admiro profundamente la economía de la puesta y el hecho de que sean solo ocho actores los que están las cuatro horas, los convierte en mis héroes. Mis respetos al trabajo actoral que no solo está en el escenario partiéndose el alma durante cuatro horas, sino que sostienen casi con sangre algo que no le veo pies ni cabeza.

He de aclarar que no me arrepiento de haber asistido, si hubiera sido tan terrible, me hubiera salido y no lo hice. Es solo que me parece un montaje fallido, que no llegó a ser en la realidad, lo que estaba en la cabeza de quien lo diseñó. Y lo que más me preocupa es que quien vaya a ver teatro por primera vez, no va a regresar nunca.