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Harto ya de estar harto, II | Gabriela Mora Guillén

  • Gabriela Mora

Y bueno, la semana pasada hablábamos de la afectación sobre las medidas tomadas en la CDMX y zona conurbada respecto a la situación ambiental y la modificación al programa No Circula… Pues por andar de quejosos, esta semana nos fue un poquito peor: la calidad del aire empeoró y el miércoles llegó el extremo del Doble No Circula; no obstante, la indignación, el caos provocado –principalmente en las entradas de las carreteras de Querétaro y Pachuca-, y la amenaza de movilizaciones por toda la Metrópoli, además de uno que otro vientecito que sopló, nos convidaron a la medio calma, aunque la amenaza de reimplantar el Doble No Circula persiste, dado que nomás no se hallan otras formas de arreglar lo que durante muchos años se ignoró.

Así las cosas, ante la indignación y la rebeldía provocadas, al jefe de Gobierno de esta santa Ciudad le ha ido como en feria y por más que ha sido la Comisión Ambiental Metropolitana la que determina las medidas, y pese al apoyo que ha recibido del Gobierno federal –que por supuesto también está detrás de todo esto-, parece que la situación política del Miguel Ángel Mancera sufre la peor crisis de su corta –¿o larga vida en la materia?-, y muy difícilmente podrá reivindicarse en sus pretensiones para el 2018, veremos.

Por el momento, y luego de todas las versiones respecto a los motivos, efectos y posibilidades de solución en torno a las mejores del aire citadino, no podemos menos que apoyar la moción del legislador Adrián Rubalcava, quien en tribuna exigió la condonación de 100 por ciento en el pago de la verificación vehicular correspondiente al ejercicio 2016, bajo el argumento de que con las nuevas restricciones ya no tiene sentido hacer la revisión a los automotores si de plano se dejaran de usar uno, dos o hasta tres días a la semana.

Lo cierto es que el Hoy no Circula es una prohibición mediante la que nuestra autoridad impide a millones de personas el uso de sus vehículos “por su propio bien”; sin embargo, la medida, no es del todo funcional dado que no podemos omitir los factores naturales: sin viento, los causantes de la contaminación –gases, ozono, azufre, polvo, etcétera-, se quedan en el ambiente, además de que, si somos honestos, la corrupción nos lleva a evadir las prohibiciones: basta ver la cantidad de verificentros clausurados, sin contar los abiertos en los que a diario se suscitan cantidad de tranzas con tal de “pasar”.

Sabemos que inicialmente en 1989, la contaminación no bajó del Hoy no Circula, como tampoco sucedió con el endurecimiento en el 2008, y como tampoco sucedió con la contingencia entre el 14 y el 17 de marzo, ni el pasado martes que se oficializó hasta junio: la única mejora que hemos visto fue en 1997, cuando se permitió a los automóviles con convertidor catalítico circular todos los días, un incentivo para usar el vehículo funcionó mejor que el castigo, y en 14 años no se presentaron contingencias, solo pre-contingencias pero esas hoy ya no existen…

Hemos de reconocer que el parque vehicular también ha aumentado bastante: en 1989 había casi dos millones de vehículos, en tanto que –según la Comisión Ambiental-, actualmente la cifra asciende a 5.1 millones, 3.8 millones circulaban a diario por tener calcomanías 0 y 00; no obstante, el incremento del parque vehicular ha sido producto de malas decisiones, dado que el programa fomentó la compra de un nuevo auto como comodín, el transporte público es un verdadero martirio –nomás veamos las caóticas escenas de los últimos días, el subsidio a la gasolina desapareció y la gasolina es de pésima calidad lo cual fomenta igualmente el deterioro del aire en lo que hace unas décadas presumía ser “la región más transparente del mundo”. 

Adicionalmente, no podemos –ni debemos- omitir la influencia que ejerce la democracia para ejercer derechos y libertades en esta Ciudad: cualquier persona y bajo cualquier pretexto, tiene la capacidad de molestar a miles de ciudadanos, con las consecuentes repercusiones que en materia de contaminación ambiental ello implica, con solo organizar una manifestación y cerrar cuanta calle y avenida le venga en gana.

Al respecto, nuestro particular estilo demócrata permite omitir los efectos que marchas y plantones implican a terceros, las consecuencias del caos vehicular y por ende de la contaminación que ello provoca, no hay lugar al respeto de leyes y normas, ni se hace justicia al respecto, así nomás.

Entonces, la emergencia ambiental de la Ciudad de México y zona metropolitana se da como resultado de las pésimas decisiones tomadas por el jefe de Gobierno, Miguel Mancera Espinosa, durante su gestión, muchas de las cuales fueron avaladas por la Asamblea Legislativa del DF: cuestionábamos la semana pasada qué pasó con “la movilidad”, el nuevo reglamento de tránsito que nos da oportunidad de circular a 50 kms/hr en calles y avenidas, la seguridad y el acceso al transporte público; pero además, ¿ya se tomaron medidas de Profeco e Invea respecto a las infames “tarifas dinámicas” de Uber y los incrementos de taxis convencionales? 

Pero eso sí, el tema preocupa también al Gobierno federal, a tal grado que ha sido tratado por el presidente Enrique Peña en reuniones con el gabinete legal y ampliado, mostrando el interés presidencial en dar soluciones a la actual crisis ambiental en la megalópolis: “Medidas incómodas por el bien de todos, principalmente de nuestros niños y adultos mayores…” De acuerdo señor Presidente, ¿por qué hasta ahora? 

Pues sí, el tema de salud pública es un problema real, a decir del coordinador de la Comisión Ambiental, Martín Gutiérrez Lacayo, “son 22 mil muertes prematuras en un año asociadas a la mala calidad del aire; debemos ser responsables”.

En 2013, el INEGI registraba 20 mil 481, muertes por enfermedades pulmonares obstructivas crónicas; 17 mil 417, por influenza y neumonía; cinco mil 470 por bronquitis crónica, enfisema, asma y otras enfermedades respiratorias no especificadas. Las cifras por muertes a causa del cáncer igualmente han crecido drásticamente: desde el año 1989, cuando comenzaron a presentarse altos índices de contaminación en círculos médicos del entonces Distrito Federal se hablaba de ser parte de un experimento ambiental; las autoridades –federales y locales-, nunca tomaron cartas en el asunto, hoy el tiempo apremia…

gamogui@hotmail.com

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