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¡Hasta siempre, rector Narro! / Razón de Estado / Joaquín Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Durante los más de cinco años que tiene esta Razón de Estado, nunca toqué el tema de mi alma mater. En las hasta ahora más de 250 colaboraciones, la Universidad Nacional Autónoma de México nunca ha sido el asunto principal de alguna de ellas. Siempre fui muy cuidadoso de no confundir mi papel como columnista regular en Organización Editorial Mexicana y el de mi padre como rector de la máxima casa de estudios del país. Hoy he decidido romper ese silencio y quebrar la prudencia de mis opiniones para despedir al líder de la comunidad en la que me formé como abogado y en la que crecí en el estudio, observación y ejercicio de lo público y lo político.

Este lunes 16 de noviembre termina un doble periodo de José Narro Robles al frente de la Universidad Nacional, su casa durante muchos años, más de los que tengo de vida. De mi vida personal, recuerdo muchos momentos que se entreveran con el paso de Narro Robles por la Universidad. Desde aquellos años en los que fungió como secretario general durante el rectorado de Jorge Carpizo, hasta los de la reconstrucción del tejido universitario al término del paro de labores durante más de nueve meses entre 1999 y 2000. En ellos, en cada instante y episodio que mi memoria decidió conservar, hay una lección de congruencia, institucionalidad, inteligencia y servicio a México.

Recuerdo bien las dos ocasiones en las que participó como aspirante a la Rectoría sin verse beneficiado por la decisión de la Junta de Gobierno. Para él fueron dos derrotas que le permitieron levantarse y seguir creciendo en la decisión de, algún día, poder conducir los destinos de la institución que le dio todo. Para mí, fueron ejemplos de vida que me acompañarán hasta el último de mis días: cuando se tiene una convicción, hay que luchar hasta conseguirla, sabiendo que en el camino habrá piedras con las que se puede tropezar, pero ninguna será tan grande como para derribarme. Como ese, infinidad de recuerdos y lecciones.

Hoy termina su rectorado, un gran universitario que entregó más de la mitad de su vida a perseguir un sueño que se convirtió en la misión de volver a colocar a la Universidad en el lugar que siempre le ha correspondido: el de la gloria y la excelencia. Si a alguien corresponde hacer un balance sobre sus dos periodos al frente de la UNAM, evidentemente no es a mí. Para eso están los historiadores. Yo hablo del hombre que en cada decisión que tomó, siempre puso por delante los intereses de la Universidad, aun por encima de los suyos o de quienes formamos parte de su entorno.

Se va Narro y su legado quedará para quien lo quiera revisar. No es momento ni espacio para hablar de él, ni mi pluma será instrumento que se preste a la subjetividad. En este espacio, más que un adiós, damos un “hasta siempre” a quien hoy deja la responsabilidad de los destinos de la Universidad Nacional, pero que no se irá jamás de ella, pues la misma vive ya dentro de él. Magnifico rector. Extraordinario universitario. Hombre ejemplar. Espléndido servidor. Mexicano sin par. La Universidad te va a extrañar tanto como tú a ella. ¡Hasta siempre, rector Narro!

* joaquin.narro@gmail.com

Twitter @JoaquinNarro