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Hillary como esperanza contra la barbarie

  • Yolanda de la Torre Valdés

Yolanda de la Torre V.

En plenos años 90’s, cuando Bill Clinton era presidente de Estados Unidos, se contaba a modo de chiste que iba en su limousine a cargar gasolina, tras lo que vio que el despachador era un exnovio de su esposa Hillary, a quien le dijo: “¿ya viste al despachador?, es el que era tu novio de la universidad antes que yo. Si te hubieras casado con él, ahora serías la esposa de un despachador de gasolina, no del Presidente de Estados Unidos”, a lo que Hillary habría respondido: “si yo me hubiera casado con el despachador, él sería ahora presidente de Estados Unidos, no tú”.

Es apenas una breve broma, pero permite ver la forma en que se le ha apreciado a Hillary Clinton desde que se dio a conocer en los años 90’s como primera dama de Estados Unidos, jugando un rol quizá tan importante como el de su propio esposo, a quien dicho sea de paso le salvó la Presidencia al respaldarlo tras el affaire Lewinsky, es decir, cuando tuvo un romance con una becaria de la Casa Blanca en su segundo período presidencial.

Después de que terminó la presidencia de Bill Clinton, el 20 de enero del año 2000, el siguiente paso para Hillary fue buscar un escaño en el Senado por el Estado de Nueva York, algo que no le costó mayor trabajo, teniendo ya desde entonces el brillo propio que siempre le correspondió y que le dio la altura necesaria para buscar unos años más adelante su propia carrera hacia la Casa Blanca.

Hillary no la tuvo fácil, debió enfrentar todo tipo de ataques, tanto en su partido, el Demócrata, como por parte de lo más conservador de los Republicanos, entre quienes no faltaron aquellos como Newt Gingritch, quien osó llamarla “perra”, algo que su propia madre dio a conocer años después.

Los ocho años en que gobernó George W. Bush, las campanas de guerra hicieron que fueran tiempos poco propicios para disputar la Casa Blanca, fue cuando aquel presidente número 43 de Estados Unidos, con base en el miedo que logró inspirar a la población, se logró reelegir cuando tenía a la economía en uno de sus peores momentos, tanto por el desempeño, como por la corrupción, baste recordar el caso Enron, a lo que se sumaba la guerra en Afganistán e Irak.

Hillary contendió en las elecciones primarias de 2007 buscando la candidatura demócrata, para lo que debió contender contra uno de sus pares, el senador por Illinois, Barack Obama, quien con un fuerte carisma y mejor tacto para contestar lo que le resultaba políticamente más correcto, le ganó la nominación en el 2008 y posteriormente triunfó en la elección presidencial en noviembre de ese mismo año contra el militar retirado republicano John McCaine.

Obama, sabiendo del gran valor político y humano de Hillary Clinton, la nombró secretaria de Estado, quedando al frente de la política exterior estadunidense, lo que implicaba un rol del más cuidadoso perfil, especialmente en momentos en que habría que retomar relaciones que se habían roto con los procesos bélicos desatados.

Hillary Clinton debió hacer frente en su calidad de secretaria de Estado a procesos como la Primavera Árabe, que entre otras cosas implicaron ataques tan cuestionados como el de Bengazi, Libia, tras la caída de quien fuera dictador de esa nación durante 40 años, Moammar Ghaddaffi. En tal ataque se perdieron a altas figuras diplomáticas de Estados Unidos, lo que ha implicado severos ataques hasta ahora contra Hillary.

Hoy, tras una interesante disputa con el también demócrata, Bernie Sanders, Hillary Clinton, es ya la candidata presidencial de su partido, para lo que deberá enfrentar uno de sus más desgastantes retos contra el republicano Donald Trump, quien se ha revelado como un racista y pretendido tirano hacia la Casa Blanca. Queda en sus manos que un personaje de esa naturaleza no represente un nuevo golpe para su país y para el mundo.

*Senadora de la República

yolandadelatorre@senado.gob.mx                  @Yoladelatorre