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Hillary o Trump: El mundo en vilo

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

El mundo entero está en vilo, como nunca antes, frente a las inminentes elecciones que tendrán lugar en unas horas más en Estados Unidos de América (EUA), pues de su resultado dependerá la ruta que seguirán la política y la economía globales, en especial de Occidente, que lo diga si no Wall Street. Solo en nuestro país, en contraparte, los únicos para variar que están agazapados, silentes, adoptando una postura acomodaticia a la espera de los resultados, son para variar nuestros execrables partidos políticos y a la total expectativa, por supuesto, el Gobierno del actual presidente de la República mexicana que, luego del vergonzoso, desafortunado y, obviamente, fallido encuentro en Los Pinos con el candidato republicano, lo peor que le podría suceder es que Hillary ganara las elecciones. Es obvio que el final del mandato peñanetista enfrentaría muchos tropiezos en su relación bilateral con la nueva administración norteamericana.

Sin embargo, el triunfo republicano sería una tragedia colosal, de magnitud incalculable, porque aunque la opción Clinton no sea una panacea, de ganar su contrincante, ingresaríamos a una edad obscura, retardataria, de la que sería imposible salir a corto plazo, al hacerse realidad viva la violencia y el odio del discurso neofascista del misogénico republicano. En los votantes norteamericanos mañana estará la decisión, y eso no es consuelo, es muy grave, porque si pudieron tolerar y pronunciarse por un candidato como Trump ¿qué podría impedir que al final éste llegara a la Casa Blanca? Esto es lo que más alarma, que haya sido la estrategia trumpista del fomento al odio y a la violencia como discurso, uno de los factores cruciales para su avance en las preferencias electorales. Y aquí uno debe cuestionarse por qué el éxito de ello. ¿Por qué hay millones de norteamericanos que podrían optar por la sumisión a la violencia, por qué prefieren ceder espacios de democracia y sacrificar derechos humanos, comprendida la libertad en todas sus manifestaciones, a cambio de un régimen impositivo, deshumanizado y autoritario? Esto va más allá de un simple “síndrome de Estocolmo”, esto es prueba de que el germen de la violencia (lo mismo política que económica, social y étnica que ecológica) está incubado en buena parte del seno de la sociedad norteamericana y de la misma humanidad. Y de ello se valen quienes fomentan y se aprovechan de su degradación. Todos aquellos que conciben al otro como su enemigo, en especial cuando está en una posición de mayor vulnerabilidad (lo mismo siendo mujer que niño, anciano que discapacitado), quienes se aprovechan de su poder (macro o micro) para sojuzgar e imponer su voluntad, quienes enconan la división, quienes han sepultado los altos valores e ideales suplantándolos por intereses y ambiciones mezquinos, quienes alcanzan y se mantienen en el poder a costa de sembrar el temor y la desesperanza, fomentando la impunidad y haciendo de la corrupción su credo, acogidos y seguros de que el temor social creciente les favorece y la pasividad, desmovilización e indiferencia en que se refugia la sociedad son sus mejores aliadas mientras construyen y alimentan todo tipo de pútridas alianzas de interés. En pocas palabras, lo que se desprende de ello es que la sociedad actual –lo mismo en Norteamérica que en el resto del mundo- está en gran medida psicotizada también y por ello un amplio sector admite y está por pronunciarse, sin evitar de tajo ni mucho menos preocuparles, la posibilidad de que pueda llegar a la presidencia de una de las más grandes potencias del mundo un régimen psicopático de alta peligrosidad.

Balzac refiere en su prólogo a la Comedia humana: “todo el que señala un abuso, todo el que marca con una señal lo malo para que sea suprimido, pasa siempre por ser inmoral”. Hoy en día, de ganar la opción republicana, la mayor parte de la humanidad sería declarada inmoral por el nuevo régimen. Obvio, la dictadura de la violencia y del odio sería la nueva moral del Estado norteamericano y, por ende, de los países bajo su hegemonía. De ahí la cuestión: ¿el mundo tiene aún remedio? El mundo sí. El ser humano, no sé, pues está cada vez más alejado, perdido del rumbo, como lo reconociera el mismo novelista francés desde 1830: “La historia no tiene por ley, como la novela, tender hacia el bello ideal. La historia es, o debía ser, lo que fue; mientras que la novela debe ser el mundo mejor”. Claro, siempre y cuando quien la escriba no sea Donald Trump o alguno de sus esbirros. Por lo pronto, solo nos queda aguardar que mañana EUA opte por el mal que es, o debiera ser, el menor.
bettyzanolli@gmail.com      @BettyZanolli