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Alejo Martínez Vendrell

  • Alejo Martínez

Hipótesis explicativa sobre el creciente divorcio entre sociedad y partidos

Los cambios tan profundos como vertiginosos que está experimentando la humanidad durante las últimas décadas en sus formas de producir, de obtener los bienes y servicios necesarios para su cada vez más confortable vida, están también provocando extraordinarias repercusiones en las más diversas esferas superestructurales de las sociedades, incluyendo la organización de los partidos, la política y las formas de hacer política.

Cuando ocurrió el nacimiento de los partidos modernos, que muchos autores lo ubican en la época de la Revolución Francesa, a pesar de antecedentes previos en la Inglaterra de los tories y los whigs, se experimentó fundamentalmente una democracia censitaria en la cual había que mostrar niveles de propiedad que tenían límites mínimos para poder tener derecho a sufragar.

Prevalecía entonces el tiempo en el que los partidos eran de cuadros. Es decir, que reposaban esencialmente en personalidades con reconocimiento social por contar con un prestigio personal relevante en el desempeño de alguna actividad que resultara generador de reclutamientos para los partidos, por tener un elevado nivel de patrimonio que posibilitara el financiamiento de los partidos o por tener amplias relaciones sociales y capacidad organizadora, a fin de servir a los partidos.

Con el surgimiento del derecho laboral y el concomitante fortalecimiento de los sindicatos, a lo que vino a añadirse la fuerte expansión o generalización del voto universal por eficiente presión de los mismos sindicatos, los partidos de cuadros empezaron a ser desplazados por partidos de masas. Lo importante ya no era atraer el voto de los grandes propietarios habilitados para sufragar, sino el del numeroso conglomerado del conjunto de la población, recurriendo para ello al apoyo de poderosas organizaciones con cuantiosa afiliación como los sindicatos, los cuales sirvieron a su vez como generosas fuentes para el financiamiento de los partidos.

En la actualidad, los partidos están experimentando otra transformación de fondo. Los partidos de masas están ya perdiendo su efectividad. Sus tradicionales pilares de apoyo, los sindicatos, están a su vez viéndose privados de gran parte de su fuerza ante el empuje de la sociedad postindustrial o del conocimiento que desplaza a esa agonizante sociedad industrial que permitió brillar con singular luz propia a los sindicatos.

En su doloroso proceso de extinción, los partidos de masas que se enfocaban precisamente hacia atraer y servir a las masas electorales, todo indica que se han venido extraviando y están perdiendo cada vez más contacto con las vastas colectividades de votantes y no votantes. En su afanosa búsqueda de nuevos apoyos se las han agenciado para encontrar mayor financiamiento, ya no en la propia sociedad sino en sus gobiernos, de manera que los partidos que no tenían apoyo económico gubernamental lo han conseguido y los que ya lo tenían lo han incrementado sustantivamente.

Eso que les ha permitido una independencia relativa de la sociedad se está convirtiendo en uno de los factores del grave distanciamiento con el pueblo. Pareciera que en la medida en que los partidos más dependen económicamente de los gobiernos, más tienden a acercarse a ellos, a identificarse con ellos y a representar con mayor énfasis sus intereses, en lugar de privilegiar la representación de las necesidades del pueblo, que constituye la función que les da verdadero sentido, eficaz funcionalidad y plena justificación.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell
Los partidos, al igual que los gobiernos estatales y municipales, entre más se independizan económicamente del pueblo, peor le responden.