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Homovoxa

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Los homosexuales que se oponen a la “adopción universal”

“Me llamo Valentín y soy homosexual. Hasta hace un mes estaba a favor del matrimonio homosexual. Conocí a miembros de Homovox, homosexuales contra el matrimonio homosexual. Y las pláticas que tuve con ellos me hicieron cambiar de idea. Comprendí que esta ley es mala para los niños”. Homovox, una organización homosexual francesa cuya existencia se desconoce en México, lucha contra lo que consideran una imposición de quienes se han arrogado la representación de toda su comunidad.

El disidente habló durante un mitin de Homovox en París, frente a la cúpula de Les Invalides, donde reposan los restos de Napoleón. Una gran manta rezaba: “Non a la marchandisation des femmes” (“No a la mercadización de las mujeres”). Ondeaban unas banderas del arcoíris que ostentaban la silueta de una familia compuesta por una mujer, un hombre, una niña y un niño, como en los viejos tiempos. Esa manifestación se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=DltJuua7Eho.
LA VALENTÍA DE VALENTÍN

El joven Valentín demostró mucha valentía, como todas las personas que se atreven a pronunciarse públicamente contra el concepto de “familia homoparental”. La militancia de Valentín inhibió el epíteto habitual en estos casos: “¡Homófobo!”, pero no lo libró de otras consecuencias: “Para su información, las asociaciones LGBT están furiosas contra mí y contra mi nueva postura. Algunas me corrieron”.

Extrañamente, quienes exigen respeto, equidad y tolerancia, no se han mostrado muy tolerantes con Homovox. A este respecto, la fundadora y dirigente de Homovox, Nathalie de Williencourt, quien se define como lesbiana y francesa, declaró al sitio web italiano Tempi.it, “En Francia se nos censura. Se escucha siempre al lobby de los activistas LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) que siempre hablan en los medios, pero la mayor parte de los homosexuales están molestos por el hecho que esta organización hace lobby en nuestro nombre. No hemos votado por ellos para que nos
representen”.

Homovox es una organización muy combativa, pero pacífica. Una de sus manifestaciones más recientes se efectuó el 16 de junio de este 2016, en París, contra la ley GPA conocida como “mères porteuses” (“madres portadoras”) que implica el alquiler de mujeres para que den a luz a unos niños que luego les serán entregados a los matrimonios homosexuales. También rechazan la PMA, que establece legalmente las técnicas reproductivas artificiales para las parejas lésbicas.

Los militantes consideran que se trata de una forma de explotación para las mujeres y de la comercialización de los niños. Plantean, con razón, que serán las mujeres pobres quienes se dedicarán a servir para estos propósitos; mientras tanto, los niños serán privados de sus antecedentes familiares
biológicos.

La gran manta que encabezó la marcha, al igual que las pancartas individuales, rezaba: “La femme n’est pas un outil”, “La mujer no es una herramienta”. El símbolo de la familia tradicional remataba la consigna. Otra manta y otras pancartas expresaban: “Un enfant n’est pas une merchandise”, “un niño no es una mercancía”.

El video puede revisarse en youtube, sin subtítulos. Solo quienes entiendan francés podrán seguir los argumentos de Nathalie de Williencourt y los otros oradores. La barrera del idioma actúa en contra de estos disidentes, mientras que la ideología de género, impulsora del “matrimonio igualitario” y de “las familias homoparentales” cuenta con enormes recursos, apoyo internacional y múltiples espacios en los medios.
LA REACCIÓN

Los activistas de Homovox no aducen razones religiosas, sino argumentos sociales, científicos y éticos. Han recibido apoyo de ciudadanos que pertenecen a partidos muy diversos, desde los socialistas, hasta la extrema derecha. Como homosexuales que son, no se les puede acusar de “odio”, como sucede con los obispos católicos, los sacerdotes ortodoxos, los rabinos o los pastores evangélicos. La consigna “Si tu Iglesia te odia, abandónala”, no funciona contra una organización laica.

Las reacciones de quienes apoyan el concepto de “familia homoparental” han sido de sorpresa, azoro, desconcierto… y de ira, tanto contra Homovox como contra su dirigente. Por ejemplo, en Cromosoma X “la web gay número uno en español”, Pablo Ferrán habla sí contra Nathalie de Williencourt: “Lo que me asombra sobremanera, y por eso me parece una bomba, es, primero, la desfachatez con la que se atreve a hablar en nombre de la mayoría de homosexuales franceses (la mayoría de homosexuales no queremos el matrimonio ni la adopción). Yo no me lo creo, qué queréis que os diga, y me parece una osadía por su parte exagerada. Me da tanta pena todo esto… Porque, ¿cómo vamos a conseguir avanzar en la lucha por la igualdad de derechos si hasta los homosexuales, los de nuestro bando (por decirlo de algún modo), se posicionan en nuestra contra? Me parece lamentable.
Triste y lamentable”.

Homovox se fundó en noviembre de 2012; Nathalie de Williencourt ha contado que la idea de crear esta organización surgió cuando ella misma se dio cuenta que ninguno de sus amigos homosexuales estaban de acuerdo con “el matrimonio igualitario”. Pero todos ellos y muchos otros inconformes carecían de medios para manifestarse. Estos disidentes consideran que existe un grupo de presión (“el lobby gay”) que se ha arrogado la representación de toda su comunidad y es éste el que acapara toda la atención de los medios y de las autoridades.

Surgió así la agrupación que en su página (www.homovox.com) expone sus opiniones y testimonios. Sostienen que todos los niños tienen derecho a tener un padre y una madre, que ni dos hombres ni dos mujeres pueden proporcionarles a los infantes la formación que solamente un hombre y una mujer están en condiciones de ofrecerles. Argumentan que los niños tienen derechos, que los niños no son un derecho.

Homovox no es un caso único, existen otras organizaciones francesas: Les Adoptés pour l’enfance proclama que se levanta a favor del derecho de los niños a tener un padre y una madre; La Manif Pour Tous se define como un movimiento espontáneo y popular opuesto a la GPA, a la PMA y a la ideología de género; le Collectif des maires pour l’enfance (el Colectivo de los presidentes municipales por la infancia) defiende el derecho de los empleados del Registro Civil a la objeción de conciencia.
LA IZQUIERDA DISIDENTE

En México, la izquierda asume la ideología de género. Sin embargo, en Francia hay izquierdistas que rechazan el “matrimonio igualitario” y la “adopción universal”.

Es el caso del diputado socialista por las provincias de ultramar, Bruno Néstor Azerot, quien pronunció un elocuente discurso en la tribuna: “Hasta ahora siempre he defendido todos los proyectos de la izquierda, sin embargo, la izquierda atraviesa hoy por una profunda confusión que me preocupa (…) en ultramar, la casi totalidad de nuestra población se opone a una ley que desafía todos los valores sobre los que se sustentan nuestras sociedades ultramarinas. La voz de estos pueblos tiene que ser escuchada y atendida. Es necesario distinguir la cuestión de la homosexualidad del matrimonio homosexual, confundir ambas cuestiones, como lo hacen algunos no es honesto”.

Azerot advirtió: “Existe riesgo de crear una sociedad donde el hedonismo y el individualismo remplazarán nuestros principios socialistas fundados en la solidaridad, la libertad, la igualdad y la fraternidad (…) Yo reclamo el derecho a la igualdad en la diferencia, pero rechazo una igualdad que aplasta las diferencias y que lo reduce todo a la identidad. No podemos poner en los mismos términos a la heterosexualidad y a la homosexualidad. Un hombre y una mujer juntos no es lo mismo que dos hombres juntos o que dos mujeres juntas, establecer una equivalencia, una nueva igualdad en ese sentido es negar la realidad. Es establecer la opresión sobre la realidad (…) Es utilizar la ideología en contra de la humanidad. Es ir en contra de los
derechos del hombre y de la mujer”.

El legislador preguntó: “¿Y los niños? (…) ¿Cómo quieren ustedes que un hombre cuyos ancestros fueron vendidos y tratados como objetos no esté preocupado por semejante panorama? (…) Un tercio de los hombres y mujeres de nuestras provincias de ultramar se hallan bajo la línea de la pobreza, el 60 por ciento de nuestros jóvenes no tienen empleo ¿En serio no tenemos otras prioridades? ¿Qué les voy a decir a los jóvenes de Martinica, que se ven obligados a delinquir por falta de trabajo, que no tienen hogares ni comida, y cuya única alternativa es ingresas en la cárcel para tener comida y un techo? ¿Qué les voy a decir? (…) No hay trabajo, no tienen vivienda, ni un futuro digno. ¡Pero escuchen, sí conseguí “matrimonio para todos”! Como hombre libre y de izquierda, voy a votar contra ese proyecto, porque va en contra de nuestra libertad y porque va en contra de las aspiraciones profundas de nuestro pueblo, especialmente, de nuestros pueblos de ultramar”.

Hay, por otra parte, estudios al respecto que se ignoran en México. Pero de esa larga historia hablaremos en otra ocasión.