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Honestidad y eficiencia / Una tras otra / Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara

En la turbulenta y, casi esquizofrénica, carrera rumbo al 2018, se ven y se oyen muchas inconsistencias, locuras.

En una de ellas, el joven e inexperto (o malintencionado) presidente del PAN, nos habla de deshonestidad; de “los políticos de siempre”.

La primera pregunta que viene a la mente es: a quiénes se referirá. ¿A Andrés Manuel López Obrador, a Emilio Gamboa, a Marcelo Ebrard; o a Vicente Fox, a Felipe Calderón, a Padrés?

Henri Beyle, mejor conocido como Stendhal, tenía un concepto genial acerca de la honestidad pública. Decía: “Pobre de aquel que solo pueda dar honestidad”.

Ahora bien, puede ser que el incipiente político dirija sus baterías a sus propios compañeros de partido. Porque, aunque lo niegue, a falta de figuras o a exceso de voluntariosos en pos de la próxima Presidencia de la República, él también ya se apuntó. Claro que lo negará y tratará de engañar a quien se deje, como intenta hacerlo en los promocionales que lo promueven.

Pero hay algo muy claro. Cuando Manlio Fabio Beltrones habló del apropiamiento de los tiempos oficiales por algunos personajes, en beneficio personal y no de sus organizaciones, como fue el espíritu de la ley, el primero que brincó fue él. Allí amenazó, provocó, desafió, advirtió con pedir peras al olmo, buscando de cualquier forma el chantaje a una respuesta diáfana que permitiera a todos los actores, aún de su instituto político, tener la posibilidad de aparecer en la tele.

Nadie más. Solo el güerito con corte de cepillo.

En una no muy profunda información, acerca de la honestidad y la eficiencia, por supuesto, podemos explorar lo que fueron ellos en los dos sexenios en que ¿gobernaron?

Alguna vez, en Cancún, Martha Sahagún, sin estar invitada, llegó a un cónclave de la Comisión de Organizaciones de la Sociedad Civil, donde dijo: “(
) a ese pasado, al que la mayoría de los mexicanos ya no quieren volver, porque fueron deshonestos e ineficientes”.

Poco tardaría para ver que no se debe escupir hacia arriba. Para empezar, el caso de sus hijos, dignos prototipos de lo que es la corrupción. Y con el tiempo, la ineficiencia más brutal de que se tenga memoria.

En un afán populista de derecha, Fox dijo alguna ocasión que los diputados le habían asignado el ingreso. Y, eso es cierto. Quien esto escribe lo propuso (Luis Pazos y otros más de testigos). La condición, sin embargo, era la eficiencia: “(
) el cargo lo amerita”, dije. Pero los resultados fueron diferentes.

A lo largo de ese primer sexenio panista, se disparó la violencia, se retrajo la economía en un 7 por ciento (Zedillo la dejó en 6.7 y él terminó con -0.3), se incrementó en forma bárbara el narcotráfico, el consumo de droga; y el desempleo se fue a los cielos (más de un 5 por ciento de la PEA).

Peor aún.

En el último sexenio priísta, los precios del petróleo oscilaban de entre los 10 y 15 dólares. A mediados del primero de los panistas, llegó a más de 100 dls.

Y, aquí es donde las ocurrencias del presidente del PAN tropiezan con esa realidad de los números: ¿Honestidad? Suponiendo que hubo, entonces por qué el narco y el comercio de la droga se metieron en el país, como la humedad. Por qué el enriquecimiento del círculo cercano de “la familia presidencial”.

Y, en cuanto a eficiencia. Con 100 dls por barril ¿no es para que hubiéramos tenido un crecimiento del PIB, cuando menos sostenido como lo dejó el priísmo? ¿No era para que el empleo creciera?

¡Ay! se lo dejo al joven queretano. Y, como dice la Biblia (me imagino que de eso sí sabe mucho): si tiene ojos
jaimealcantara2005@hotmail.com