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Honrado, honrado…

  • Jesús Michel

Hace unos días, el columnista Ricardo Alemán hizo pública la vida glamorosa de Ricardo Anaya Cortés, el dirigente que no líder, del PAN. Expuso con pelos y señales cómo viaja casi cada fin de semana a Atlanta para visitar a su familia y que sus hijos acuden a una escuela de primera. En entrevista radiofónica con Ciro Gómez Leyva, el queretano desmintió al periodista que puso sobre el papel en duda su honradez y trató, inútilmente, de justificar lo que hace en su vida privada, que dicho sea de paso, en lo personal no me interesa.

El trabajo de Alemán, bastante documentado, evidencia la presunta doble cara de Anaya. De acuerdo con su declaración 3d3, no posee propiedades, no tiene negocios, sus cuentas bancarias son de clase media-baja y tampoco tiene automóvil. Gana 40 por ciento menos de salario que su antecesor. Sin embargo, se puede dar el lujo de tener viviendo a su familia en Atlanta –seguramente por la falta de garantías existentes en México-, la visita casi cada semana y para transportarse utiliza, según sus declaraciones a Gómez Leyva, clase turista en aviones de Delta y otros medios “alternativos”. ¿Cuáles serán para viajar cuatro mil kilómetros?

La verdad, dicen los filósofos, siempre aparece y en los momentos menos esperados. Hoy el jefe nacional del PAN se encuentra tratando de justificar el gasto corriente que mantiene y que no corresponde a sus ingresos legales, los que declara al SAT. En los meses pasados, emprendió la cruzada para combatir la corrupción. ¿Qué dice ahora? A lo mejor la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y la coordinación parlamentaria de su partido le dejaron dividendos. A lo mejor.

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