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Horizonte económico

  • Carlos Loeza Manzanero

Estimado lector, en esta ocasión inicio este espacio con un comentario sobre la medalla al Mérito Académico que el pasado martes 17 de mayo tuve el honor de recibir de manos del rector de la UNAM, Dr. Enrique Luis Graue.

Después de 35 años ininterrumpidos de impartir cátedra en la FES. Aragón UNAM, además de la satisfacción personal inigualable por tal distinción, refrendo mi compromiso de coadyuvar en la formación de los economistas mexicanos, convencido de su compromiso de participar con su mejor esfuerzo en el desarrollo económico y social de nuestro país.

Por otra parte y retomando la temática de reformas estructurales, me permito hacer referencia a la denominada Reforma del Campo que fue propiamente anunciada por el jefe del ejecutivo el 6 de enero de 2014, donde aseguró que iniciaba una nueva etapa para el sector y resumió en seis ejes los objetivos y alcances de dicha Reforma.

Transformar el crédito rural en banca de desarrollo; unificando los distintos fideicomisos en relación a la agricultura y estableciendo una tasa cero en el financiamiento para la producción de alimentos. Un seguro agrícola como mecanismo de regulación del mercado.

Agua, cambio climático y sustentabilidad; fortalecimiento del financiamiento rural, impulsando la banca de desarrollo e integración de financieras regionales. Ley de derecho a la alimentación y establecimiento de un sistema nacional de planeación alimentaria.

Se señalaba que de manera formal iniciaba una nueva etapa para el agro mexicano y que se lograrían sustanciales reducciones a la importación de granos básicos, particularmente maíz, sorgo y oleaginosas.

Pero la realidad resultó bastante diferente porque el nuevo esquema financiero no se concretó, la caída de los ingresos públicos, después del desplome petrolero, agudizó la insuficiencia de los recursos para dar cumplimiento a lo señalado y una vez más el sector primario de nuestro país quedó a la zaga de las prioridades nacionales.

Es de destacar que al interior del propio Gobierno se realizaron reflexiones sobre la inconveniencia de inquietar a un sector que de manera histórica ha representado una parte relevante de los votos para el partido en el poder.

Si a ello se agregan los descalabros derivados de la cancelación del tren a Querétaro, del caso Ayotzinapa, de Tlatlaya, y la caída en la imagen y popularidad del jefe del ejecutivo, se encuentran las razones de que no solamente la reforma del Campo sino en general las Reformas Estructurales dejaron de ser incluso prioridad en materia de difusión de los compromisos gubernamentales.

Apenas en este año inició la instrumentación de la reforma energética con inversiones externas muy por debajo de las expectativas y en el caso del campo dejó de ser el eje de la actuación de la Secretaría de Agricultura.

Algo similar ocurrió con la Reforma de Telecomunicaciones, que planteó terminar con las prácticas monopólicas en materia de televisión, la creación de dos nuevos canales para coadyuvar y alcanzar ese propósito, lo que tampoco a la fecha se ha cumplido.

Así mismo la sustitución en la señal tradicional para dar paso a la televisión digital, que incluso se reflejó en distribución de televisores a nivel nacional, pero de los contenidos en materia de programas no se ha registrado avance alguno.

En todo caso se habrá de reconocer que de esta reforma se han obtenido disminuciones relevantes en materia de tarifas telefónicas, particularmente en el campo de la telefonía móvil, pero logros muy distantes de lo que fue anunciado con bombos y platillos.

*estudioshacendarios.cmlm@hotmail.com