imagotipo

Horizonte Económico

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

  • Efecto Trump

  • Miguel González Ibarra
  • Corrupción, inflación, pérdida de competitividad y déficit, augura su política económica

Desde la campaña presidencial, el candidato republicano y hoy presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, suscitó preocupación y alarma en todo el mundo por sus propuestas populistas, cargadas de racismo, misoginia e intolerancia, así como por las  discutibles prácticas financieras de sus negocios.

En materia económica, ha recurrido a propuestas proteccionistas y antinmigrantes, en forma similar a lo que dio origen al Brexit. Sin embargo, el rumbo que tomará durante su mandato la política económica, financiera y monetaria estadunidense, continúa siendo un acertijo que genera incertidumbre y especulación.

Reconocidos especialistas como el premio Nobel de economía Paul Krugman, señalan como preocupantes las consecuencias de las medidas que tomaría Trump. Con relación a la propuesta de impulsar las obras de infraestructura con inversión privada y con importantes beneficios fiscales para los inversionistas, Krugman alerta sobre la proliferación de la corrupción en la que estaría metido Trump. Por su parte, las medidas proteccionistas y antinmigrantes han llevado a hablar de la posible existencia de un periodo de alta inflación al que ya denominan “Trumpflation”.

Sin embargo, los mercados financieros y Wall Street, a los que tanto atacó como candidato, comienzan a reaccionar de manera positiva ante sus posibles medidas de política económica. Aparte de las críticas relativas a la proliferación de prácticas de corrupción, los proyectos de infraestructura dotados de una favorable, situación fiscal podrían atraer recursos que hoy en día generan volatilidad en los mercados financieros mundiales. Por su parte, el establecimiento de aranceles a productos de importación proveerían a las finanzas públicas de los ingresos que dejaría de recibir por la disminución propuesta a las tasas impositivas. El resultado sería un mayor fortalecimiento de dólar frente a todas las monedas del mundo, lo cual haría que los productos extranjeros que importe Estados Unidos, pudieran absorber el impacto de los gravámenes, disminuyendo el efecto que tendrían en el precio para los consumidores.

De tal manera, un mayor gasto de consumo interno de los estadunidense, pero con un mismo o similar precio actual de los productos importados y una fuerte pérdida de competitividad de los productos americanos en el exterior, impulsaría el déficit en balanza de pagos. Por su parte, la mayor demanda de empleo para llevar a cabo las obras de infraestructura, frente a la política migratoria propuesta, traería consigo presiones en el mercado laboral y aumento en los salarios.

Su lugar a dudas, a pesar del acertijo que envuelve a la futura política económica norteamericana, será un cambio de la tendencia mundial que impulsó la globalización económica y financiera de las últimas décadas. Sin embargo, en cierto sentido puede ayudar a corregir los excesos y fallas que dieron origen a la crisis financiera del siglo.

La excesiva liquidez mundial y las medidas de política monetaria no convencional, que han llevado a posturas divergentes y que no han podido incentivar una recuperación económica sostenida, daría paso a una política fiscal, que corre el riesgo de hacer que regrese el doble déficit estadunidense.
miggoib@unam.mx