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Horizonte Económico

  • David Colmenares

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La Reforma Constitucional que brinda autonomía política al Distrito Federal. Después de ser aprobada por los congresos locales, está en la etapa de la elaboración de la legislación secundaria. Hoy es Ciudad de México, ya no DF y las Delegaciones, demarcaciones territoriales.

Un acto de justicia política, para los ciudadanos del DF, que seguirá siendo la sede de los poderes federales. Se trata de un esfuerzo político, de concertación y suma de voluntades, con todas las dificultades que hemos visto, más por los políticos, que por la razón.

Se dieron en el preámbulo comentarios desconcertantes, por ser de alguien enterado y que sufrió el peso del poder federal, es el caso del Senador Ernesto Ruffo, quien fuera gobernador de Baja California, el primero de un partido diferente al PRI, quien manifestó en su tiempo inconformidad con los procedimientos para estimar las participaciones de su Estado, criticó el centralismo. El Senador Ruffo manifestó su molestia por los supuestos beneficios que recibe el DF, como el no pagar la mitad del gasto educativo y de salud, pero no está bien informado al respecto, a él le tocó el inicio.

Se afirma que “no estará obligada la Ciudad de México, a pagar la mitad de sus servicios educativos y de salud como lo hacen los Estados” (Excelsior.16 .12.15). Nada más equivocado, ya que no todos los Estados gastan la mitad, ni lo mismo en esos rubros, donde por su monto resalta el gasto educativo.

Cuando la desconcentración de los servicios de educación básica y normal en 1992, existían en algunos Estados, no en todos, sistemas estatales de educación básica, hoy subsistemas, los cuales son pagados con recursos propios, es el caso de Baja California, Chihuahua, Estado de México y Nuevo León por ejemplo, que si pagan un porcentaje importante del gasto educativo de sus Estados, pero no concurriendo con el FAEB, sino para pagar a los maestros del subsistema estatal. Es más, el Fondo de Compensación del FONE los beneficia fundamentalmente a ellos.

Pero hay otro número igualmente grande de Estados, que prácticamente no destinan recursos propios a educación básica, porque no tienen subsistema estatal, como Oaxaca, Hidalgo o Zacatecas, que son los más pobres del País.

En salud, ya tiene gasto con recursos propios.

En cuanto al régimen fiscal del DF, que es unitario, no sufrirá cambios, ya que el mismo ha funcionado, como lo demuestra que su dependencia de las transferencias es del 44 por ciento, 53 por ciento son ingresos propios, mientras que los Estados en promedio dependen en un 90 por ciento. De hecho el DF recibe la mitad de participaciones respecto a sus ingresos totales, que lo que reciben los Estados, claro hay algunos que recaudan mejor que los otros, como Edomex o Nuevo León. Hacer lo contrario implicaría un desastre fiscal para las finanzas de la Ciudad, en virtud de su realidad territorial y la eficacia con que se manejan sus finanzas.

Sus finanzas son sanas, el servicio de su deuda no tiene problemas y es la más competitiva del País y como Estado, de acuerdo a los índices de competitividad del IMCO. No habría que echarlo a perder.

En cuanto al Fondo de Capitalidad, es real el costo económico y presupuestal de ser capital, por ejemplo los maestros o movimientos campesinos se vienen a protestar al DF, no en sus Estados, además este Fondo se destina para inversión, no para gasto corriente, y es fiscalizado por la ASF. Hace unos días Emilio Barriga, Tesorero del DF, escribió una atinada nota en El Economista, al respecto, monde detalla con claridad lo anterior. Lo adecuado sería que en los Estados también se pagaran fondos equivalentes a las ciudades capitales. Pero luego los alcaldes no se animan, no lo entienden o de plano se asustan ante una idea que sería justa.

brunodavidpau@yahoo.com.mx