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Horizonte Económico

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

La Economía en la Encrucijada

  • Miguel González Ibarra
  • La subvaluación del peso permitiría flexibilizar la política monetaria

El crecimiento económico del país durante los últimos veinte años ha estado basado, fundamentalmente, en producir para satisfacer el mercado externo. La apertura económica que sustituyó a la política proteccionista de industrialización que generó graves desequilibrios se aceleró a partir de la firma del tratado de libre comercio de América del Norte (TLC). El libre acceso al mercado norteamericano y la estabilidad macroeconómica que originó el manejo prudente de la política monetaria y de las finanzas públicas atrajeron inversiones extranjeras que integraron al país a cadenas mundiales de valor, pero que también ocasionaron que se concentrara el comercio exterior en el mercado de Estados Unidos.

Los desequilibrios mundiales que se derivaron de la falta de control y regulación de la globalización dieron pie a la crisis financiera de la primera década del siglo XXI y a la débil e incierta recuperación mundial que se ha prolongado por nueve años. La falta de eficacia de las medidas no convencionales de políticas monetarias divergentes ha provocado una gran volatilidad y una acendrada aversión al riesgo.

Ante este escenario, México ha resistido los choques de los embates de la volatilidad financiera, pero ante la perspectiva de una errática política que se percibe podría llevar a cabo el gobierno norteamericano bajo la presidencia de Trump, la economía se encuentra en la encrucijada de pasar del crecimiento hacia fuera a un crecimiento orientado hacia el mercado interno.

En cierta medida, se estima que también en ese sentido buscaría dirigirse la economía de Estados Unidos, basada en una política fiscal expansiva para fortalecer el consumo y para impulsar la inversión pública. El esquema se completaría con una política monetaria con sesgo restrictivo y un mayor control del sistema financiero. Sin embargo, la perspectiva de medidas proteccionistas para resolver en forma populista la falta de capacidad para generar mano de obra para actividades dedicadas a la alta tecnología, haría que en el mediano plazo, la economía de ese país se precipitara a un empeoramiento de la productividad, a una  pérdida de competitividad y a una disminución en el nivel de vida de su población.

En el caso de México, la encrucijada nos coloca en dejar de mantener la sincronía con la política norteamericana en la búsqueda del crecimiento hacia adentro, sin abandonar la apertura e integración al mercado mundial. La clave para dinamizar la economía interna se encuentra en lograr que exista inversión. Al respecto, el sector empresarial propone que existan incentivos fiscales, pero sin incurrir en un mayor déficit en las finanzas públicas. Por su parte, el Gobierno plantea multiplicar la efectividad de la invitación pública mediante la asociación con el sector privado para proyectos de infraestructura y de prestación de servicios, así como acelerar la instrumentación de las reformas estructurales, fundamentalmente las del sector energético.

A pesar del incremento que ha tenido la recaudación tributaria en los últimos años, aún resulta muy baja para dar lugar a una amplia política de incentivos fiscales y de expansión del gasto. De tal manera, se presenta el dilema de que la política monetaria amplíe el rango de control de la inflación, una vez que se estabilice el tipo cambiario y termine la transmisión que la depreciación tendría en los precios internos. En cierta forma la subvaluación del peso permitiría que pueda existir estabilidad cambiaria con un rango inflacionario más amplio, con el fin de incentivar y orientar la canalización de recursos financieros hacia proyectos y obras que fortalezcan la economía interna.
miggoib@unam.mx