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Horizonte Económico

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

  • Retos y fortalezas

  • Miguel González Ibarra
  • Desafíos externos e internos que debe enfrentar el país los próximos años

 

La economía mexicana ha venido moderando su crecimiento ante los choques externos que genera la volatilidad de los mercados, así como ante un menor dinamismo de la inversión productiva. A su vez, la incertidumbre que rodea la política económica y migratoria que llevará a cabo a partir del próximo año el Gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia republicana de Donald Trump, constituye un reto que deberá enfrentar México con la fortaleza que le brindan el prudente manejo de las finanzas públicas, de la política monetaria y del tipo de cambio.

A pesar del reciente incremento de los precios del petróleo, la balanza comercial en el rubro de hidrocarburos continúa con una tendencia a un creciente y preocupante deterioro, debido a la disminución en la producción nacional como resultado de la sobrexplotación y la falta de inversión que se dio en los pasados dos sexenios panistas. La mayor dependencia de la importación de combustibles -a precios más elevados en dólares- conjuntamente con la depreciación del peso hacen prever un repunte inflacionario en los próximos meses.

Por su parte, el menor dinamismo de las actividades manufactureras norteamericanas ha frenado a las empresas que en el país forman parte de la cadena de valor de productos intermedios, destinados hacia el mercado externo, lo que representa una presión adicional para la balanza comercial y para el crecimiento del país. El reto externo aumenta ante la intención del Gobierno norteamericano de imponer restricciones al TLC y de establecer una política proteccionista.

Hasta ahora, ha sido el mercado interno incentivado por un mayor consumo, gracias a la mayor creación de plazas laborales formales, al aumento real de los salarios, a las remesas de los trabajadores migratorios y al crédito al consumo; lo que ha permitido mitigar la contracción del mercado externo y la disminución de la producción petrolera.

Sin embargo, habrá que hacer frente a los nuevos desafíos que genera la incertidumbre que impera en la economía mundial. Por una parte, las presiones inflacionarias hacen prever un endurecimiento de la política monetaria, lo cual está generando un aumento en la previsiones de riesgo de la banca y una ampliación en su margen operativo, para cubrirse de los efectos que les generaría un deterioro en la calidad de su cartera, lo que supondrá un freno al impulso que han venido dando al consumo.

En cuanto a las inversiones, si bien no ha disminuido la tenencia de extranjeros en valores gubernamentales, el alto endeudamiento externo del sector privado ha presionado el mercado de futuros y derivados sobre el peso, lo que ha impulsado la depreciación y subvaluación del peso frente al dólar. Adicionalmente, los flujos de inversión han venido disminuyendo ante la incertidumbre en el país que genera la inseguridad, la corrupción y la impunidad en un ambiente que se prevé de polarización política por los procesos electorales de los próximos dos años.

Los retos externos e internos se deben enfrentar con las fortalezas que hasta ahora ha mostrado el país frente a los choques externos, además de enfrentar los desafíos internos. De tal manera, para preservar la estabilidad económica se requieren finanzas públicas que no presionen a la demanda sobre la producción, así como tampoco al mercado de fondos prestables. Sin embargo, se debe mantener el dinamismo del consumo interno y la expansión de la capacidad productiva para atender el mercado doméstico, lo cual significa un serio desafío que lleva a cambiar la orientación del modelo de desarrollo.

Por su parte el desafío para la política monetaria estriba en mantener el control inflacionario sin arrastrar al país a una recesión, lo cual pasa por tratar de lograr una mayor eficiencia y eficacia de la intermediación financiera. Ante la subvaluación del peso existe la oportunidad de fortalecer la inserción al mercado externo, aumentando el valor agregado de las exportaciones y diversificando los mercados, así como para impulsar el desarrollo de actividades basadas en el conocimiento para entrar de lleno hacia la cuarta revolución industrial que será el paradigma hacia la mitad del siglo.

Finalmente, el mayor desafío será sin duda, recobrar la seguridad, abatir la corrupción y frenar la impunidad, así como utilizar las ventajas que generan las reformas estructurales instrumentándolas oportuna y adecuadamente, ante la amenaza de la propuesta populista de tratar de revertirlas y desencadenar un caos en la economía nacional.

miggoib@unam.mx