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Horizonte Económico

  • Horizonte político /Luis Álvarez Tostado

  • Luis G Álvarez Tostado Valdivia
  • Los pactos económicos en México

Esta semana en Los Pinos se firmó el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar, un tipo de pacto con diferentes sectores productivos, que nos hizo recordar la gran tradición mexicana de firmar pactos o acuerdos para mejorar la economía.

Es interesante revisar el Pacto de Solidaridad Económica (PSE) firmado en enero del 1988, el último año de Gobierno de Miguel de la Madrid, y compararlo con el acuerdo firmado esta semana y precisar algunas semejanzas y las diferencias que se observan al analizar dichos instrumentos de política económica.

Creo que lo primero que debemos diferenciar es de donde surge cada uno de estos pactos, para poder dimensionar los problemas que se presentaban y las alternativas propuestas por el Gobierno.

En 1988 se venía de una inflación de 159 por ciento, un boom (crecimiento) y un crash (caída) de la Bolsa Mexicana de Valores, de una devaluación del peso de 143 por ciento, de un déficit público muy alto y en general de una situación de crisis realmente profunda.

En la parte social, todavía se sentía un corporativismo importante, la CTM con Fidel Velázquez al frente, la CNC, la CNOP, todas las confederaciones afiliadas al PRI. Hay que recordar que este partido era todavía partido único en muchos sentidos, por lo que gran parte de los ciudadanos simpatizaban aún con este partido, pues no había de otra. El PAN seguía siendo un partido relacionado con la derecha, gente con dinero y la izquierda estaba más dividida que ahora.

Podemos decir fácilmente que el PSE es una respuesta heterodoxa del Gobierno con políticas concretas ortodoxas, es decir el método fue novedoso, los instrumentos fueron los de
siempre.

El PSE contenía las siguientes medidas: control de la demanda agregada a fin de contener la inflación, disminuir el gasto de Gobierno del 22 por ciento al 20.5 por ciento del PIB, desincorporar empresas paraestatales (en esos tiempos había más de mil empresas de Gobierno, para finales de sexenio de Salinas quedaron menos de 150), disminución y suspensión de algunos subsidios, reducción del personal ocupado del sector público, incremento de los salarios mínimos, pero siempre por debajo de la inflación.

Parte de la estrategia de mediano plazo era competir a través de mano de obra barata, incrementos de tasas de interés, incremento de precios y tarifas del sector público, corrección de rezagos de los precios en la canasta básica y disminuir las barreras de comercio exterior para que la competencia influyera sobre los precios internos.

Todo lo anterior implicaba ajuste en los precios de corto plazo, pero este ajuste fue de una vez y posteriormente se estabilizaron, lográndose una inflación del 52 por ciento en 1988. Quizás lo novedoso del pacto fue lo que dio un resultado positivo, pues el principal objetivo del pacto era disminuir la inflación y lo logro rápidamente.

Ahora el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar (Acuerdo) inicia argumentado que en un contexto de condiciones internacionales adversas e inciertas y derivado de la problemática del incremento internacional de los combustibles se plantea tres ejes:

El primero proteger la economía familiar que incluye las siguientes acciones, el sector empresarial no incremento indiscriminado en los precios, sector laboral aumentar la competitividad, el sector del campo incrementar la productividad para tener mayor oferta y el sector Gobierno, estabilidad en los precios de la canasta básica, mejorar condiciones de crédito de la banca de desarrollo, recuperar el poder adquisitivo de los salarios, reforzar la libre competencia.

El segundo eje es el de fomentar las inversiones y el empleo, decreto para fomentar la repatriación de capitales mantenidos en el extranjero, implementación de las reformas estructurales e impulsar la inversión y el empleo a través de la banca de desarrollo.

Tercer eje, preservar la estabilidad económica en donde se garantice el superávit primario reduciendo la deuda, tener un buen balance de políticas fiscal y monetaria. Ejercer el presupuesto de manera clara y austera, reducir en 10 por ciento los sueldos y salarios de mandos superiores.

Y por último, el cuarto eje, preservar y fortalecer la cultura de legalidad y el estado de derecho, se rechaza cualquier medio ilegal para expresar malestar y reprobar actos de violencia, fortalecer medidas para inhibir actos delictivos, fortalecer el combate a la corrupción.

Lo anterior es un listado de buenas intenciones, en un México donde ya no hay corporativismo. Se vio un claro rechazo al acuerdo por la Coparmex, que planteó otras cosas muy diferentes, incluso descalificando la firma por apresurada y sin consensos. El problema que se plantea como propósito del acuerdo es básicamente el gasolinazo, que causó un malestar social con reacciones nunca antes vistas como los saqueos y la violencia de alguna manera organizada, la diferencia ente el pacto y el acuerdo, está en dos cosas la primera el pacto plantea políticas económicas y el acuerdo ocurrencias políticas, este acuerdo nunca será como el pacto por que el México de hoy ya cambio.

Ojala no continúen los disturbios. Que la inconformidad se manifieste de manera sensata y que el Gobierno tome decisiones de política económica a favor de los ciudadanos y que se vea sensible al malestar social y no vaya a otro gasolinazo en febrero.
gerardo_tostado@yahoo.com.mx

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