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Horizonte económico

  • Carlos Loeza Manzanero

  • Dependencia alimentaria, reto a superar

Se aproxima la fecha en que será revisado el Tratado de Libre Comercio. Se tiene información que el equipo mexicano será de alto nivel de conocimiento del tema y las expectativas es que se tomen acuerdos benéficos para todos los participantes y lo que queda claro es que el tratado continuará, más allá de las amenazas de Donald Trump, abordando las principales debilidades para fortalecerlas y definir una estrategia que consolide las fortalezas.

En ese sentido, es fundamental revisar propósitos y contenidos de las denominadas Reformas Estructurales, que sin duda serán la base del próximo Plan Nacional de Desarrollo. Lo que está bien claro es que el fortalecimiento interno requiere de la participación de los tres niveles de Gobierno, de empresarios, de académicos y de todos aquellos interesados en el bienestar de los mexicanos.

Es evidente que se requiere todo el rigor metodológico para llevar a la práctica el esfuerzo señalado, por tanto el punto de arranque es el sector agropecuario. Desde un principio se esperaba que el tratado tuviese efectos importantes en la agricultura del país, como el caso de la asignación de recursos productivos con base a ventajas comparativas y competitivas, que dieran lugar a mayores niveles de inversión, empleo, e ingreso a los participantes del tratado.

En el sector agropecuario se ha registrado una tasa de crecimiento mejor o mayor al del resto de los sectores, pero alejada de las expectativas, no obstante se ha de destacar que se registró un incremento relevante en el área cultivada, pero en materia de competitividad los resultados han resultado contrarios a lo esperado, ya que si bien se registró una mejora, en realidad la relación comercial no ha resultado en el beneficio previsto, entre otros aspectos por el alza generalizada de los precios de los alimentos, del que el país es principalmente importador.

Sobre este tópico debe destacarse que la dependencia en materia alimentaria se expresa en el elevado volumen de importaciones de los principales granos, particularmente en maíz, del que se importa en promedio alrededor de cinco millones de toneladas anuales, cifra que significa alrededor de un tercio del volumen que se consume.

No olvidar sobre este aspecto que la dependencia alimentaria es más allá del costo monetario de sus importaciones, se trata de un asunto estratégico que asítendría que ser encarado, pero lamentablemente no ha sido el caso, porque han prevalecido criterios de índole económica, por encima de lo que política y estratégicamente significan los granos fundamentales para la alimentación de la población.

El análisis se tiene que centrar no en el costo monetario si no en la relevancia estratégica que significa la dependencia alimentaria, lo cual no ha sido tratado de esa forma, simplemente se trata de complementar el consumo sin identificar que no hay peor dependencia es la alimentaria, lo que explica que no se hayan tomado ni tampoco se tengan previsiones para cambiar el rumbo.

Algo similar ocurre con otros granos básicos como es el caso del sorgo y de algunas oleaginosas como la soya, pero prevalece la ausencia de identificar la situación como un asunto estratégico, hacemos votos por que los próximos responsables de gobernar este país entiendan que se trata de un asunto estratégico más allá de lo económico.

Prosiguiendo en esa línea de análisis se puede pasar al sector secundario por ejemplo, donde la balanza comercial refleja la realidad económica, en ese sentido, somos importadores principalmente de insumos y de bienes de capital, lo que significa que para exportar primero se tiene que
importar.

Es claro que la balanza comercial es deficitaria y que cuando cambia la tendencia es derivada de caídas en la actividad económica, pero lo que es real es que en la medida en que se logren mejores tasas de crecimiento, el déficit comercial será mayor.
*estudioshacendarios.cmlm@hotmail.com