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Horizonte Económico

  • David Colmenares

  • David Colmenares Páramo
  • 24 horas antes de las batallas

 

Hoy el tema central es lo que sucedió ayer; desafortunadamente tuve que entregar esta nota el sábado, por lo que no es posible opinar sobre los resultados, ni de los preliminares, seguro ya se anuncian conflictos postelectorales y hay auto declaraciones de vencedores, o perdedores que no reconocen su derrota. Pero lo realmente importante es considerar que han sido las elecciones más contaminadas por la guerra sucia de los últimos tiempos, como han señalado con tino Raymundo Riva Palacio y Ricardo Raphael, entre muchos otros. Todavía el sábado se llenaron las redes de más videos de guerra sucia, convocatorias encriptadas para la votación, etcétera o llamadas de encuestadoras que cuando les dices que estás grabando, cuelgan.

Repito, las propuestas no existieron. Las promesas de obras o de creación de empleos, nunca dicen cuánto van a costar, cómo las van a financiar y cuál es un estimado de creación de empleos.

Se observa un gran desconocimiento sobre las finanzas estatales, claro hay algunas excepciones de candidatos que han sido funcionarios fiscales o empresarios. Pocos saben cómo reciben sus recursos, la responsabilidad de cobrar sus propios impuestos o las responsabilidades que tendrán en el ejercicio del gasto en general y del federalizado en particular.

Hoy ya algunos saben que ganaron las elecciones, otros estarán cuestionando los resultados, pero el tiempo acomodará las cosas y entonces sí, la realidad.

Las elecciones de ayer se dan en un entorno económico difícil, tipo de cambio por supuesto, balanza comercial negativa, y frágiles ante los eventos cotidianos de la economía mundial, donde no pesamos. En lo interno es evidente que las cosas no van tan bien, hay señales de alerta, como la del FMI que advirtió del riesgo de que se incremente más la deuda externa, que ya representa parte importante del PIB nacional. Recordemos que ya vivimos tiempos en que el peso del servicio absorbía importantes recursos presupuestales, con una estructura donde se pagaba más por intereses que por amortización.

Desde el Gobierno de Salinas, pasando por el de Zedillo y el de Fox, se procuró reducir la deuda externa, incluso llegamos a casi no deber nada al Banco Mundial, tratando de eficientar el uso del presupuesto, ante su bajo nivel derivado de la baja carga fiscal del país. Fue a partir del 2007 que se volvió a la política de endeudamiento con el exterior, habiéndose duplicado en 2012, esto es, se duplicó en cinco años. En relación al total de la deuda externa, la mexicana ocupa el octavo lugar, mientras que en relación al PIB, el quinto.

Con cifras del FMI de 2014, la deuda de Estados Unidos es 12 veces mayor, pero en relación a su PIB es menor. Más que México en monto están Estados Unidos, España, Brasil, Italia, Australia, Francia e India, pero en relación al PIB es diferente, apareciendo España en primer lugar con el 103 por ciento del PIB, Turquía e Italia arriba del 49 por ciento, Australia en cuarto lugar, con 35.6 por ciento y México con 35.3. El dato para Estados Unidos es de 34 por ciento.

Bueno, estos temas, así como la dependencia fiscal de los Estados y municipios, lo escaso de sus ingresos propios, la debilidad recaudatoria de sus facultades impositivas y el peso importante de la economía informal, no fueron comentados en las campañas políticas.

Menos lo referente a los pasivos con los proveedores y prestadores de servicios locales.

Ojalá ya algunos empiecen a pensar en ello.
brunodavidpau@yahoo.com.mx