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Horizonte económico

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

Globalización Inclusiva

En la últimas tres décadas y media, el mundo ha enfrentado un extraordinario crecimiento económico y una cada vez mayor integración social, cultural y política. La globalización impulsada por las tecnologías de la información y la comunicación, al igual que lo hicieron un siglo antes los transportes, ha generado un mejor nivel de vida de la población, pero también ha acentuado la desigualdad entre grupos sociales y países.

Ante el descontento que se ha recrudecido a raíz de la crisis financiera y la recesión mundial que se desencadenaron hace nueve años, así como los cambios que generados por la automatización, la robotización y la preeminencia de la economía del conocimiento, están dando origen a propuestas populistas, a movimientos nacionalistas, a prácticas discriminatorias y a políticas proteccionistas.

Las tendencias actuales, de acuerdo con el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Ángel Gurría, amenazan con descarrilar la globalización y “revertir el progreso alcanzado en los últimos años”. Para hacer frente a la pérdida de confianza en las instituciones y a la amenaza de un creciente aislacionismo, se requiere redoblar los esfuerzos de cooperación internacional.

La revolución que implica la tecnología 4.0 no resulta compatible con un diseño institucional 1.0 en cada país y a nivel mundial, señaló Gurría la semana pasada en la reunión ministerial de la OCDE que se llevó a cabo en París. Las recomendaciones estratégicas que formuló el secretario general de dicho organismo consisten en adoptar las mejores prácticas y llevar a cabo reformas estructurales, en un marco de una sólida cooperación internacional, con el fin lograr un crecimiento mundial basado en una globalización inclusiva que permita generalizar las condiciones para una vida mejor en todo el mundo.

Por su parte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su más reciente análisis sobre el Panorama Social 2016, señala que Latinoamérica es la región más desigual del mundo, considerando no solamente la distribución de los ingresos corrientes, sino la concentración de la riqueza. El problema y su solución son complejos puesto que no solo se trata de atender las causas económicas, sino también los factores culturales, la desigualdad de derechos, de oportunidades, de conocimientos y de capacidades. Para comenzar a abatir este panorama, de desigualdad, considera la CEPAL; se debe comenzar por cumplir los objetivos 2030 para un desarrollo sostenible.

Entre las medidas que se recomiendan, las reformas estructurales para mejorar la educación y el acceso a la información, permitirán a todos los países preparase  para enfrentar con éxito el reto que plantea la cuarta revolución industrial. Adicionalmente, se debería tomar en cuenta la experiencia danesa de hace un siglo, que ante el proteccionismo que emprendieron distintos países europeos, el gobierno de Dinamarca apostó por la apertura económica. Sin embargo, para enfrentar la competencia global emprendió acciones y destinó recursos para apoyar el desarrollo de la industria láctea y cárnica, que actualmente continúa haciendo de Dinamarca una potencia en esos rubros.

miggoib@unam.mx