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Horizonte Económico

  • Carlos Loeza Manzanero

  • Carlos Loeza Manzaero
  • Menos gasto y más impuestos

En agosto de 2015 publiqué el libro “Importancia de la Política Tributaria en la Actividad Económica” en el que hice el planteamiento que para estimular la actividad económica a partir del año siguiente, se consideraba conveniente que no aumentaran los impuestos, después de que en el bienio 2013-2014 el crecimiento promedio del PIB había sido del 1.8%, nivel por debajo del 3% que en el PEF se había estimado.

Para el año siguiente, este 2016, la autoridad fiscal en principio dejó sin efectos alzas de gravámenes y se pudo constatar que la mejor política fiscal es aquella que estimula la actividad económica y en ese sentido la política tributaria como variable fundamental de la política fiscal actuó con eficacia.

Y no se trata propiamente de un acto de buena voluntad, más bien de aplicar una política tributaria eficaz que estimule la actividad económica y en la medida de que ello ocurra, la recaudación tributaria tenderá a mejorar y podrá hacerle frente de mejor forma al financiamiento del gasto público.

Es evidente que los ajustes al gasto público en los dos últimos ejercicios fiscales han derivado del comportamiento del precio del petróleo, que de un nivel por encima de 100 dólares por barril que registró hasta el primer semestre de 2014, por sobreoferta de crudo en el mercado internacional, combinada con una disminución en el consumo, estimulada principalmente por la desaceleración de la economía china y la atonía económica en el continente Europeo, dio lugar a una disminución acelerada en la cotización, que llevó a niveles del orden de 30 dólares  por barril hacia el cierre del año pasado, incluso inferiores al comenzar 2016.

Pero la actividad económica en Estados Unidos ha mejorado, la desaceleración del crecimiento de China se ha estabilizado y también tiende a mejorar, lo que se ha reflejado en un lento pero progresivo proceso de recuperación del precio el petróleo mexicano de exportación, que para fines de marzo de este año se ubicaba en 30.74 dólares por barril, al finalizar mayo en 40.26  y al 15 de julio se registró un nivel de 40.17 dólares por barril.

Por eso sorprende la decisión de la autoridad que a partir del lunes 1 de agosto el precio de la gasolina magna aumentó en 4.17% al pasar de 13.40 a 13.96 pesos por litro, mientras que la Premium pasó de 14.37 a 14.81 pesos por litro.

Ello significa un severo golpe a  los bolsillos de los mexicanos, porque si bien es cierto la gran mayoría no pose automóvil también es una realidad que en nuestro país más del 90% de las mercancías, como materias primas o productos finales se transportan por carretera.

Por ello los precios se impactarán en términos reales hacia el alza, sin hacer caso de INEGI, que como sabemos su titular tuvo que renunciar por que el manejo de cifras no ha sido el más adecuado.

Sobre la situación es de destacar que la política económica tiene como propósito lograr la mejor posición factible para lograr el bienestar del ciudadano y los aumentos señalados van en sentido opuesto.

Las interrogantes que todavía no responde la autoridadse resumen principalmente en dos: ¿De qué han servido los recortes al gasto público y la reducción de estructuras con la aplicación del presupuesto base cero? ¿Cuáles son los montos y el destino de los recursos que han ingresado al país derivado de las reformas Energética y de Telecomunicaciones?

Quedamos a la espera de esas respuestas.
*estudioshacendarios.cmlm@hotmail.com