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Horizonte Económico

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

  • Miguel González Ibarra
  • Hacia el último tercio

Los primeros cuatro años de la gestión gubernamental de Peña Nieto, han pasado del gran optimismo inicial que generó la propuesta de modernización del país, gracias al fino armado de acuerdos para que fueran aprobadas en el Congreso las reformas estructurales; a un ambiente de descrédito e incertidumbre, auspiciado por un complejo escenario económico internacional y por los  obstáculos políticos  que han retrasado la transformación del país.

De la perspectiva de un crecimiento acelerado de manera sostenida y de una contención de déficit público y de la deuda, actualmente se han ajustado a la baja, durante todo el cuatrienio, las estimaciones sobre el ritmo de expansión económica,  al mismo tiempo que se ha aumentado el nivel del déficit y del endeudamiento.

La caída de los precios internacionales del petróleo debilitaron las finanzas públicas, mientras que la reforma fiscal enfrenta el disgusto empresarial. A su vez, la incertidumbre y la  volatilidad de los mercados financieros han ocasionado una drástica depreciación de nuestra moneda. Adicionalmente, la vida cotidiana y el ambiente de las inversiones se ha enrarecido por la prevalencia de la violencia, de la inseguridad, de la impunidad y de la corrupción. En este caso el gobierno de Peña Nieto parece haber subestimado el legado que le dejó el Gobierno panista, producto de la guerra  contra el crimen, de la violación de los derechos humanos, de las prácticas de corrupción y de la falta de penalización a los transgresores de la ley.

La insuficiente valoración de los obstáculos y restricciones que se fueron presentado a lo largo de los cuatro años de gobierno, así como las fallas en la información y en la comunicación a la población sobre el ambiente adverso para el crecimiento que condicionó el cumplimiento de las expectativas iniciales, fueron aprovechadas por líderes políticos y medios de comunicación para generar un clima de descredito y desconfianza en la acción y capacidad gubernamental.

De tal manera, el último tercio del sexenio, ante el proceso de sucesión en 2018, el Gobierno actual debe  redoblar su capacidad de comunicación para recuperar la confianza de la población, así como aplicar medidas para contener el déficit de las finanzas públicas, así como de la deuda pública. Un gasto más austero requiere que se  impulsen las asociaciones púbico privadas para llevar a cabo las obras de infraestructura. Por su parte, para mejorar el ambiente para el desarrollo de los negocios se requiere resolver el conflicto que ha generado la reforma educativa, así como  redireccionar la política energética hacia la generación de energías limpias.

En materia del manejo de las finanza públicas, adicionalmente a las medidas tomadas por la Secretaría de Hacienda para informar mensualmente  sobre la evolución de doce indicadores clave y del compromiso de continuar reduciendo el déficit, los requerimiento financieros del sector público y de un manejo responsable de la deuda; Consultores Internacionales de Julio Millán propone, en su último boletín de comentarios económicos, que se cree un organismo de supervisión y vigilancia de las cuentas públicas que tuviera la figura de ser Institución Fiscalizadora Independiente ciudadana.
miggoib@unam.mx