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Horizonte Económico

  • Carlos Loeza Manzanero

  • Carlos Loeza Manzanero
  • Urge estrategia para instrumentación de reformas estructurales

No cabe duda que la base del PLAN nacional de Desarrollo 2018-2024 serán las denominadas Reformas Estructurales de las que en materia económica se pueden identificar la Hacendaria , la Financiera, la Energética, la de Telecomunicaciones y la del Campo.

Las cuatro primeras han iniciado su instrumentación y la última ha dejado incluso de ser considerada Reforma Estructural. Es evidente que ello es un error, porque un sector prioritario para cualquier nación y la nuestra no es la excepción, es el productor de alimentos, porque evidentemente que se puede tener dependencia en todos los aspectos, pero la más delicada es la alimentaria, ya que sin duda es la más estratégica.

Pero volviendo a las Reformas Estructurales estamos pendientes de que a partir de la próxima Administración se cuente con una estrategia para ello y se pueda tener una conducción adecuada de empresas y capitales que están presentes ya en sectores estratégicos. En ese sentido será necesario un esquema de armonización porque no deben analizarse, conducirse y mucho menos instrumentarse de manera aislada unas con otras.

Por ejemplo, en materia hacendaria queda claro que el punto de partida es la generación de ingresos que permitan financiar los niveles requeridos de Gasto y si fuese necesario la utilización de deuda para conseguirlo, la decisión tendría que ser ágil, bien planeada y totalmente financiable con los ingresos que se generan para evitar que continúe la práctica de contratar deuda para cubrir el servicio de la misma.

En ese mismo sentido se requiere la mejor coordinación sectorial para que el crédito, principalmente el productivo fluya con la mayor oportunidad y además en las mejores condiciones. De hecho el planteamiento de la Reforma Financiera es Más Crédito y Más Barato, lo que a la fecha no ocurre porque el sistema bancario no otorga crédito a quien lo requiere sino más bien a quien puede garantizar más allá del monto prestado.

Además la prioridad no es el crédito para destinos productivos sino más bien a través de tarjetas de crédito cuyos réditos son extraordinariamente elevados, con la característica de que ninguna autoridad lo evita y sanciona.

Por ejemplo la tasa de interés para Cetes, que en estos momentos es de orden del 4 por ciento, es la tasa líder y los principales tenedores son los bancos, pero los créditos que estos otorgan lo hacen a tasas 30 veces más altas que las que le están pagando al Gobierno quien es el que los subasta.

Es decir, tasas de interés que fluctúan entre 110 por ciento y 120 por ciento, que los bancos cobran a través de tarjetas de crédito, lo que explica que no tengan prioridad alguna el cumplimiento de su función que es otorgar créditos, principalmente para actividades productivas y para capital de trabajo.

Entonces la realidad es que no se cumple con la función y la misión bancaria y tampoco del propósito de la Reforma Financiera cuyo planteamiento es Más Crédito y Más Barato. Pero algo relevante es que se les permite esos atropellos, porque la autoridad monetaria no lo impide.

Entonces las Reformas Hacendaria y Financiera tendrían que tener vínculos que ahora no se identifican. En términos hacendarios se tendría que partir de la premisa de lograr el mayor nivel de recaudación para financiar el gasto en el entendido de que el instrumento deuda tendría que ser complementario para los propósitos definidos en la Política Económica, pero la realidad es distinta, por lo que urge la coordinación de acciones de esas reformas.

Continuando con ese análisis, la Reforma Energética presupone llegada de divisas y sobre el particular, es de destacar que una proporción, por pequeña que sea corresponderá a la nación, de lo cual no existe información oficial al respecto, pero al margen de su análisis resulta prioritario la estrategia para su óptimo aprovechamiento.
*estudioshacendarios.cmlm@hotmail.com