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Horizonte Económico / David Colmenares Páramo

  • David Colmenares

El INEGI tan espléndidamente dirigido estos años por Eduardo Sojo, acaba de dar a conocer su estimación oportuna del producto interno bruto al cuarto trimestre de 2015, con cifras desestacionalizadas por actividad económica. El crecimiento de los tres últimos meses del año pasado, con una intensa actividad comercial el fin de año, con la derrama económica de los aguinaldos, creció 0.6 por ciento respecto al trimestre anterior. En la relación trimestre-trimestre anual, el crecimiento fue de 2.5 por ciento, especialmente por el peso en su estructura y la dinámica del sector servicios, que creció 3.5 por ciento, porque en el sector secundario no hubo cambio. En suma el crecimiento anual fue de 2.5 por ciento, lo que significa que van tres años de crecimiento inferior al tres por ciento. Hay factores externos, pero también muchos aspectos internos, derivados de la política económica y la fragilidad del mercado interno.

Entramos nuevamente a la discusión que ocupó muchos espacios y tiempos en los 80s, sobre la intensidad de las diferentes medidas de política económica, en virtud de que no hemos podido pasar de la política económica a la economía política.

Lo primero para poder retomar un crecimiento económico importante, que se transforme en desarrollo, esto es en empleo, salarios remuneradores, menor informalidad y menor delincuencia es reconocer lo que nos pasa y socializar la búsqueda de alternativas de política económica, como en algunos tiempos llegó a plantear el Colegio Nacional de Economistas, con planteamientos serios y propuestas viables, que contribuyan al debate nacional.

Durante el Gobierno de Felipe Calderón, la economía creció los dos primeros años un poco más del dos por ciento y el tercer año cayó más del seis por ciento, recuperándose por el “efecto rebote”, 4.7 por ciento en 2010, aunque los efectos de la crisis financiera no han sido sorteados aún hoy. El promedio de crecimiento del sexenio anterior fue para decirlo con una palabra, modesto. Estos tres primeros años por ahí vamos, crecimiento anual inferior a tres por ciento, estimaciones constantemente a la baja y perspectivas complicadas. Sin embargo, al ser la crisis diferente a la de 2009, con signos negativos en cuanto al precio del petróleo, el tipo de cambio y el comercio exterior, no se dio un escenario de crisis similar en Estados Unidos, sin embargo, dadas las nuevas dependencias, entre las que destaca la importación de gasolinas, la situación no es lo mejor que quisiéramos.

Para crecer se requiere inversión, pero en el caso de la pública tenemos décadas de rezago, según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado que dirige Luís Foncerrada, está en los niveles de los años 40 y por tanto la inversión privada, también tiene problemas. No es casual por tanto el crecimiento de la inversión de mexicanos en el exterior, como ha reportado en su oportunidad la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en sus informes anuales sobre inversión extranjera directa.

Urge pues apostar al mercado interno, al apoyo a las pequeñas y medianas empresas, a estimular la inversión privada y el desarrollo de la empresa mexicana, así como a un desarrollo regional incluyente. Retomar el federalismo en la política económica.
brunodavidpau@yahoo.com.mx