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Hoy No Circula. Vinculación de la gente / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

Tema que data de muchos años y da para otros tantos. Pero hay aspectos que quizá no se hayan todavía tratado o por lo menos con la visión que requiere un mayor análisis de sus consecuencias.

El primero es que fuera de la discusión de si hace veintitantos años no se tomaron las medidas radicales que ya para entonces exigían los niveles de contaminación, también es cierto que en los subsiguientes no hubo las prevenciones para detener el altísimo crecimiento del parque vehicular. Luego entonces, lejos de favorecer a un sector de la población que pudo adquirir otros carros para circular todos los días, todos resultamos ahora afectados con coche y sin coche. Tal parece que, inclusive, hay políticas públicas para afectar a toda la población en lugar de favorecerla.

Con las nuevas disposiciones para la megalópolis todas las personas que tienen que usar transporte público que son la mayoría, hoy sufren adicionalmente al tener que compartir el transporte con los que no circula su automóvil. Simplemente hay que escuchar las quejas en los camiones, Metro o Metrobús para saber cómo se ha afectado su movilidad, pues al aumentar el número de usuarios las opciones de trasladarse en el tiempo que usualmente ocupaban, hoy no pueden hacerlo por el exceso de pasaje y con menos comodidad que antes.

Sí, en efecto: la solución está en tener más unidades públicas, eficientes y seguras, pero ¿para cuándo? No podrá ser de inmediato y menos con los recortes presupuestales y el endeudamiento de la CDMX. A lo que debe añadirse los problemas para transitar por calles y avenidas que se han reducido y la falta de planeación del crecimiento de las urbes contiguas.

Otra de las soluciones que empiezan a ser cuestionadas es la adquisición de vehículos eléctricos, que para muchos tiene un tufo de promover un nuevo negocio, por su demanda que se comienza a desatarse de dichos coches que en poco tiempo inundarán nuevamente las calles y aunque no contaminen no darán solución al exceso de carros que impedirán de nueva cuenta una movilidad fluida en la Ciudad de México y sus alrededores. Aun así los de gasolina no desaparecerán en corto y mediano plazos.

La parte positiva de todo ello es que la relación societal ha comenzado a cambiar y se puede apreciar en los micromundos de barrios, manzanas e inclusive calles. Me refiero a que se empieza a verse cómo entre vecinos se están organizando para compartir transporte, ya sea el propio o el alquilado y proponer entre varios su forma de movilidad. Esto llevará a que la gente se conozca mejor y discutan sus problemas comunes y ya no sólo las del transporte: su vinculación por esta causa permitirátambién acercarse a sus fuentes de trabajo para proponer soluciones a problemas que hoy parecen afrontarse aisladamente, a pesar del gran malestar generalizado.

Todos los sectores laborales también tienen que participar en la búsqueda de fines comunes como la movilidad expedita de sus trabajadores y no esperar sólo a que los gobiernos hagan “algo”.