imagotipo

¿Hubo realmente alternancia en el 2000?

  • Juan Antonio García Villa

A Gabriel Jiménez Remus, in memoriam
Debió haber sido hace poco más de tres décadas cuando una acreditada revista mensual mexicana dedicó completo uno de sus números a un solo tema: “Escenarios sobre el fin del PRI”. Tengo presente que los más notables escritores de la época, Octavio Paz incluido, aportaron ensayos para el número de esa revista de principios de los años 80.

A la sazón, el tema resultaba no sólo interesante sino que tenía especial atractivo: ¡el fin del PRI! Téngase presente que aún faltaban casi veinte años para llegar al año 2000. Que fue, finalmente, cuando se produjo la alternancia y que por supuesto nadie entonces conocía el año en que habría de suceder.

En relación con los posibles escenarios sobre el fin del PRI, se presentaron en esa revista varias hipótesis de la más diversa naturaleza. Como producto de un cambio civilizado a través de las urnas, para lo cual naturalmente deberían cumplirse diversos y explicables requisitos, hasta resultado de una inconformidad generalizada de la población, harta del autoritarismo priista y sus agobiantes consecuencias, incluido un colosal fraude electoral (faltaban aún, téngase presente, varios años para llegar a los conflictivos comicios del 88). Hubo hasta quien previó el fin del priismo como resultado de algún terrible temblor de tierra (aún no llegaba el del 85), que alterara de tal manera a la sociedad que terminara ésta por sacudirse finalmente al PRI.

Seguramente sin proponérselo los editores de esa publicación ni sus lectores, se presentó una confusión de conceptos, que en apariencia nadie advirtió entonces. Se entendió a la sazón como “el fin del PRI” la salida de éste de Los Pinos y no propiamente y en sentido estricto su fin. Es decir, su liquidación, su terminación, su conclusión, su muerte y funeral. O sea, el verdadero fin del priismo.

El tema, planteado de manera equívoca hace más de tres décadas, no es, bajo ningún concepto, irrelevante. Por el bien de la nación y su futuro, ¿debe, o no, desaparecer para siempre el PRI? Antes, será necesario considerar si ello es, o no, factible, y en su caso cuáles serían los requisitos para que algo así, de tal magnitud, pudiera ser viable y plenamente cumplible, sin provocar mayores problemas.

Desde otro ángulo, ¿tiene la nación un futuro razonablemente promisorio, optimista, a partir de la premisa de un priismo a perpetuidad? Se hace necesario plantear si el país puede aprovechar con eficacia sus potencialidades en beneficio de todos, mediante el diseño y aplicación de adecuadas políticas públicas y las mejores prácticas de gobierno, con un priismo siempre presente.

Ciertamente el maniqueísmo no es recomendable ni buen consejero. Pero al margen de éste, en la medida de lo posible, se impone un análisis de gran aliento sobre el tema. Empezando por responder a la pregunta: ¿qué es el PRI? ¿Sólo un partido político? ¿O una corriente histórica, o una cultura? ¿O bien un acabado modelo político, o un modo de ser y de ver la vida en sociedad? El tema da para mucho.