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¿Ideología, programática, pragmatismo? (II)

  • Jaime Alcántara

finales del siglo pasado (unos 18, 19 años), una lap de 16 megas (no gigas), costaba alrededor de 20 mil pesos. A estas fechas, con ese precio se puede conseguir un aparato verdaderamente asombroso, con ocho o 10 gigas, capacidad que un particular difícilmente llenará. El avance tecnológico ha provocado, junto con los fabricantes, que a mayor rendimiento los precios se sostengan o, incluso, bajen. Esto es un buen ejemplo de lo que preconizan los apologistas del capitalismo pleno.

Cuáles son los males: los monopolios y los acuerdos bajo la mesa, para sostener o aumentar artificialmente los precios. Uno de ellos se puede ver en la constante alza del costo de los automotores. No hay una sola marca, de la que pudiéramos encontrar algún signo de mejora, por tener nuevas tecnologías y volumen de ventas. Un vehículo que, también por aquellas fechas, costaba 100 mil pesos, digamos, hoy costará 200 mil. ¿Se deberá, acaso, a los estratosféricos salarios de los directores, de esas multinacionales, que todos sabemos? Quizá por esta causa, no sólo no han bajado los precios, aún teniendo mejores herramientas y procesos, sino que su incremento se da, en automático, año con año.

Igual los bancos. A nadie escapa que México tiene algunos de los intereses bancarios más altos del mundo desarrollado, al que idealmente pertenecemos por estar en la OCDE.

En ambos casos, todo hace suponer que existen acuerdos, para sostener determinados montos. En el último, se refleja en altos intereses para los diversos productos que manejan (tarjetas, préstamos hipotecarios, créditos puente).

¿Qué hacer? Muchos países, entre otros, el nuestro, han optado por una especie de economía mixta. Esto es más visible en aquellos que están en vías de desarrollo. Al respecto, ha habido intentonas en naciones del primer mundo, como Inglaterra y Alemania, en tiempos de Tony Blair y Gerhard Schroeder. No les alcanzó para poder influir en la atropellante nueva realidad de la globalización.

Estados Unidos y la Gran Bretaña, puntales en las economías de libre mercado (pre-Trump), no se han detenido a pensar que, buena parte de este mundo, aún necesita apoyos. Ellos sólo tienen intereses económicos. Por supuesto que hay razón cuando dicen que la gente debe trabajar para poder ser susceptible de beneficios. Que, dar alguna ayuda extra, lo único que provoca es conformismo y conductas contrarias a lo que debe ser una sociedad que lucha por superarse. Hasta allí, bien. Los individuos debemos echarle ganas. Sólo que, en este mundo bárbaro, hay gente que jamás podrá superar sus limitaciones. ¿Motivos? Hay muchos.

En el otro sentido, existen líderes, caudillos, que prometen todo, para todos, a efecto de que el Estado provea de los satisfactores suficientes para el universo. Y, su discurso, es impecable. Que, el capitalismo es la ley de la selva. Que, sobrevive únicamente el más fuerte. Así que, a equilibrar eso, con programas de todo tipo, subsidios y recortes de impuestos. Hasta cierto límite, eso está bien, pero qué pasaría si todos nos sentáramos a esperar que papá Gobierno cubriera nuestras insuficiencias… continuará.

jaimealcantara2005@hotmail.com