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Igualdad: camino lento / Cuchillito de Palo/ Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Cada que se aproxima el día 8 de marzo, se reaviva la discusión. El Día Internacional de la Mujer se preocupa por el género, como en tantas otras celebraciones, una vez al año.

Después viene el olvido. Se echan en saco roto los resultados de foros, seminarios y la igualdad sigue siendo una entelequia, inaccesible a la mayoría de las féminas. Innegables ciertos cambios, aunque el paso es lento; se palpan avances, en particular encaminados a convertirnos, en un suculento manjar del mercado.

De aquí que se habla de una “nueva mujer”, ¡adicta! -A pesar de que pocas lo reconozcan-, a las tecnologías de moda. Las ves, ¡en todas partes!, amarradas a un teléfono móvil o a una tableta, con el arma de las uñas largas pique y pique las miniletras que permiten enviar mensajes, como si la comunicación solo existiera a través de estos artefactos.

Se mandan fotos del vestido que se prueban en una tienda, a fin de que la pareja y sobre todo, las amigas, les den el visto bueno. Igual envían la imagen de otros bienes, o poses y reuniones, a la espera del aplausómetro de quienes comparten su grupo. Sin distinción social ni económica se clavan en la esfera de las redes, a las que incluso acuden, para hacerse de un novio y hasta de marido (Enajenadas y faltas de criterio, más de una acaba en un secuestro o en manos de un traficante de personas).

De 53.9 millones de internautas, según cálculos de la Asociación Mexicana de Internet, el 50 por ciento son mujeres y usan las redes entre semana, más que los hombres.

Este grueso de féminas, “apantalladas”, supone un segmento cotizadísimo para las ventas por internet, lo que implica que los magos de la mercadotecnia harán lo imposible por ofertarles cuanto hay, incitándolas al consumo constante.

Pero, mientras un segmento engorda las cuentas de quienes las hacen más compradoras -al pagar en línea, parece como que no hay desembolso-, la mayoría sigue a la zaga de los beneficios masculinos.

Destaca un campo, el de la ciencia, donde estamos en pañales. Vista como “cosa de hombres”, el mito se niega a morir y áreas como las de las matemáticas y las ingenierías, apenas y ven una que otra falda entre sus filas. El problema empieza desde la infancia.

Habría que recordar a la pequeña tamaulipeca, Paloma Marlene Noyola, a quien la revista Wired calificó como de “la siguiente Steve Jobs”. El caso, que es excepcional, se hizo realidad por la calidad de su maestro, Sergio Juárez Correa. Es este hombre el que, en una entrevista confesó que los programas escolares, que obligan al mentor a seguirlos al pie de la letra, les eran muy aburridos a los niños, por lo que él buscó la forma de impartir conocimientos de forma original y divertida.

Su ejemplo remite al problema educativo: no solo es la posibilidad de acceder a la escuela, sino, una vez en el aula, la vocación y tamaños del profesor. Juárez Correa supo estimular a Paloma, la ayudó a desarrollar su inteligencia y sus aptitudes.

Da lo mismo un colegio público que privado. La mayoría de quienes enseñan matemáticas, dan la impresión de buscar que el pupilo las odie. Las transforman en el horario ideal para irse de pinta, por tedioso. Peor para las alumnas, porque a ellas se considera que “ni falta les van a hacer”.

Desde la primaria se empieza con la diferenciación entre niños y niñas, como si no todos fueran de carne y hueso. Hay esfuerzos por abatir estos distingos, aunque todavía incipientes. Y si desde la infancia hay inequidad y desigualdad, el sello se vuelve permanente de por vida.

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