imagotipo

Il Papuccio / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Luego de 20 siglos de soportarlos, los romanos ya no le hacen mucho caso a los papas, y cuando se lo hacen, es para aplicarle una dosis del ácido humor del Lacio. Por ejemplo, normalmente se refieren al pontífice en turno como “il papuccio” -una de cuyas posibles traducciones sería “el papacito”-. Y, que me conste, existe al menos una película pornográfica con ese título de los tiempos de Juan Pablo II.

Algo que a través de los siglos ha despertado el encono de los romanos es el ego monstruoso de los santos padres, demostrado en actos como hacerse declarar infalibles y usurpar el título de “Vicario de Cristo”, cuando en realidad son vicarios de Pedro.

En fin, que los romanos soportan el papado por las mismas razones que los ingleses soportan a los Windsor, porque son un buen negocio turísticamente hablando. Y yo creo que por eso los más recientes papas han dado en viajar por el mundo, en busca de la pleitesía que les escatiman en casa. Aunque las cosas están cambiando también fuera: veánse el Zócalo semivacío en la bienvenida y el millón menos de Ecatepec.
Cura de la bronconeumonía a distancia

Sin rozar ni con el pétalo de un cepillo a Monterrey –visita obligada de otras santidades, porque ahí están las limosnas gordas– Francisco hizo en Nuevo León su milagro más significativo: hacer salir ileso al gobernador independiente Rodríguez Calderón de una hecatombe que en cualquier otro momento le hubiera quitado la bronquitis para toda la vida. Con el secuestro de titulares y teasers, el argentino le hizo tremenda gauchada al “Bronco”, pues no fue destazado sin misericordia, como se merecía, por reporteros, columnistas y anchors. Gracias al agnus dei los 49 de Topo Chico no recibieron ni la diezmillonésima parte de la atención que concitaron los 43 de Ayotzinapa, lo que dio oportunidad al gober de pasarle la culpa a Rodrigo Medina y al poder judicial neoleonense, y hasta recuperar un poco de estilo y empezar a hablar de cerrar el fatídico Topo Chico y construir nuevas cárceles, con divisiones blindadas para que los cárteles estén quirúrgicamente aislados, que es todo lo que se necesita –según las autoridades– para que no estallen motines (porque nadie admite que quitarle el control de los reclusorios al crimen organizado sea posible).
Y hablando de cárceles…

Cualquier autoridad federal, estatal o municipal que se respete dirá, si tiene la oportunidad, que su sueño dorado es meter a la cárcel a todos los criminales organizados y desorganizados, a los capos y capas, a los chapos y chapas. Y seguramente dicen la verdad, solo que no aclaran en cuáles cárceles.

Porque la mayoría las y los quiere en las cárceles, pero en las ajenas. Así, el año pasado, el Gobierno capitalino consiguió sacar 142 reos federales de los reclusorios locales, y así los partidos políticos están abanderando un movimiento para seguir trasladando esa calidad de internos a prisiones a cargo de la Federación.

¿Razones? Que quienes cometen delitos federales son delincuentes peligrosos, que llevan los cárteles a los correccionales, que son muy caros de mantener y que convierten cualquier jaulita en una Topera Grande.

Buenos días. Buena suerte.

juegodepalabras1@yahoo.com Sitio Web: juegodepalabras.mx