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Imperó la cordura y se evitó la colisión

  • Mireille Roccatti

Mireille Roccati

“ex malis eligere minima”**

Al inicio del actual sexenio, se instrumentó la denominada Reforma Educativa, mediante modificaciones constitucionales y legales.  El Estado recuperó así, la rectoría y conducción de la política pública en materia educativa que por diversas razones al margen de la ley se habían trasladado al ámbito de las organizaciones sindicales transfiriéndoles funciones y facultades propias de la administración pública, al grado de permitirles inclusive imponer o designar funcionarios de alto nivel de responsabilidad.

En el caso de Oaxaca la situación, se profundizó aún más, porque a inicios de los noventas, en aras de desactivar la protesta social y desmovilizar a los maestros que reclamaban entonces con justicia incrementos salariales, el gobernador concedió a través de un convenio plagado de irregularidades e ilegal en lo esencial, prebendas y canonjías que les permitió tomar las riendas de la educación en ese estado, tanto en la conducción académica, como en la sindical y administrativa.

Los cambios introducidos por la Reforma Educativa, generaron resistencia especialmente por los maestros agrupados en la CNTE, quienes a lo largo de los tres años y medio trascurridos del sexenio, fueron escalando sus protestas hasta llegar en las últimas semanas a una situación de polarización que aunado a la realización de acciones imprudentes por parte del Gobierno para evitar bloqueos carreteros, que se realizaron sin trabajo de inteligencia y sin el uso gradual de la fuerza, cobraron vidas humanas, empantanó el conflicto y se tornó en los hechos en una insurrección social.

Había llegado el momento de intentar revisar los contenidos específicos de los cambios que causan escozor al grupo de profesores integrantes de la CNTE y del propio SNTE, para encontrar una salida negociada del conflicto. Retomar el diálogo y construir puentes resultaba prioritario.

La sociedad esperaba tensa y preocupada que tanto por las autoridades como por los profesores, imperara la serenidad, la prudencia y la mesura: que ambas partes obraran con inteligencia. En ese momento y aún hoy, se requiere destensar el enfrentamiento. Un extraviado preguntaba que a quién convenía la violencia y los hechos lamentables de Nochixtlán, la respuesta debe ser contundente: a nadie.

El país, viene saliendo de una “guerra” irracional iniciada en el sexenio pasado contra el narcotráfico, que empapó de sangre casi todo el territorio nacional y cuya inercia no ha parado;  bastante sangre de mexicanos se ha vertido ya, para que se dilucide este conflicto por medios violentos.

El Gobierno federal, y no debe regateársele, ha actuado con tolerancia, ha privilegiado el diálogo para buscar una solución pacífica del diferendo. La sociedad reclama que debe privar una visión de Estado. Hacerlo, no implica transigir, rendirse  o perder, para ninguna de las partes.

En este contexto, se escuchan voces –numerosas- de que debe meterse orden, que se ha “actuado con tolerancia hasta excesos criticables” reproduciendo el lenguaje diazordacista y esto significa, llamar a la represión. Esos tambores de guerra deben desoírse.

El diálogo con la CNTE, pese a los altibajos y la radicalización en algunos temas de ambas partes, parece avanzar, los nodos que parecen irresolubles merecen un tratamiento especial. A nadie conviene enconar el conflicto, ni a los interesados en el 2018. Resulta indispensable que se construya una nueva relación entre autoridades y mentores de la CNTE, convenciéndoles que no es mediante la violencia que se llega a acuerdos.
**”De entre los males, elegir los menores”. Cicerón