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Inauguración de ofrendas celestes

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Magistral altar de las ofrendas como lo hubiera querido Frida: original en memoria de sus tradiciones.

En este año, en memoria de Frida con el tema: “Dulces para Frida”. Se inauguró el pasado 28 de octubre de 2015, allá por el rumbo de Coyoacán; en la Casa Azul, refugio de todo aquello que rodeó a la pintura en su apasionante esfuerzo de vivir.

Un altar a la muerte, muestra de la incomparable estética popular mexicana.

Mucha gente inmóvil y en silencio frente a la ofrenda. Daba la impresión de un acto de velación.

Belleza y Reflexión

Velas escarchadas, capelos de vidrio, calaveras de azúcar, agua, figuras de alfeñique, veladoras en vasos de colores, botellas de licor, dulces, alfarería y el destello naranja de las flores de cempasúchil, todo ello recordando los cuatro componentes del mundo: agua, tierra, viento y fuego.

Al lado de la ofrenda un texto que dice: La idea traviesa con la que el mexicano concibe la muerte, se conserva en este espacio lleno de golosinas y tradición artesanal. El escritor Octavio Paz, asegura que para el mexicano: “Es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente para Frida Kahlo, quien transformó el dolor en arte, en donde la muerte no deja de estar presente; la artista se burla de ella y, en ocasiones la representa en su obra; sin embargo, como aseguró Paz: “Frente a la muerte hay dos actitudes: una, hacia delante que la concibe como creación, otra, de regreso… Como fascinación ante la Nada”. Hay una frase que expresa de manera popular esa Nada; matar y destruir: “Se lo cargó la chingada”; podría ser el epitafio de cualquier mexicano.

“La Chingada es un país que no está en ninguna parte, inmenso y vacío… Es la Nada”.

Ante todo ello, nos queda un reencuentro con los que se fueron. Entre cirios y aromas, luces y sombras, cantos que arrullan un silencio sin lamentos.

Museo Soumaya

Magistral ofrenda en memoria de la famosa crítica de arte Raquel Tibol. Sentada frente a su de máquina de escribir, acompañada por el Retrato de niña muerta niña viva (1931) de David Alfaro Siqueiros.

A la derecha de la maestra Tibol, se encuentra un Tzompantli mexica en forma de andamio que cargaba varias filas de carrizo con cráneos humanos atravesados por la zona parietal.

De acuerdo al texto mostrado al lado de la ofrenda, anotamos: A decir del padre Sahagún, los cráneos eran restos de aquellos que perecían en el Tlamictiliztli o muerte divina, rito donde se ofrecían en sacrificio los cautivos de guerra a los dioses de la antigua Tenochtitlán, para garantizar el ciclo de vida.

Los músicos-Epílogo

No obstante, la invasión del Halloween destaca la celebración milenaria del Día de Muertos, con sus flores, aromas, artesanías, veladoras, antojitos y las procesiones  en los pueblos olvidados e islas y en las ciudades, en las plazas públicas, museos, escuelas, centros comerciales y todavía en algunas casas particulares. Todo ello nos une, ante una época de crueldad y violencia en la que la vida ya no es un problema a resolver sino un misterio a vivir.

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