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Incertidumbre imperdonable

  • Alejandro Díaz

Al término de la jornada electoral más dramática de los últimos años, a la que a pesar de ser en tan solo cuatro entidades mantuvo en vilo al país, queda solo la resaca y lo que implica para 2018. A pesar de que el domingo no haya habido violencia evidente, varios partidos denunciaron coacción y compra de votos, acarreo y demás triquiñuelas que se creían eran solo del pasado remoto.

La noche de la votación la actitud de candidatos y partidos fue la misma que durante la campaña: desmentidos mutuos, triunfalismo sin sustento, ataques a los adversarios y en general falta de cordialidad. Hubo declaraciones de candidatos y presidentes que se declararon triunfadores en elecciones donde ocuparon el segundo o el tercer lugar. Y en el caso del Estado de México llegaron a hacer declaraciones con el 13% de casillas computadas en vez de esperar una cifra
comprobable.

Presidentes de partido y candidatos siguieron en campaña después de la elección, hicieron como si no hubiera habido periodo de reflexión ni jornada electoral. En su afán protagónico insistieron en un discurso que la realidad superó el domingo pasado y la que aún no sabemos exactamente. En los próximos días el polvo tendrá que asentarse, quizá hasta el miércoles que se reúnan los institutos para hacer el cómputo. Hasta entonces todos podremos quizá saber quiénes ganaron y con qué diferencia… a menos que una o las dos elecciones sean impugnadas legalmente y se vayan a tribunales. Todo por falta de certidumbre.

Muchos países, tanto desarrollados como en desarrollo, han logrado dar certidumbre a procesos mucho más complicados que una elección estatal. El caso extremo es India, donde con un padrón enorme y varias jornadas electorales han tenido muchas elecciones exitosas, sin conflictos, inclusive con alternancia. México no debe quedarse atrás.

Los únicos triunfos que quedaron seguros el domingo son Nayarit y la mayoría de las presidencias municipales en Veracruz. Por el contrario, Coahuila y el Edomex siguen inmersos en declaraciones encontradas, en un caso entre PAN y PRI, en el otro entre PRI y Morena. En ambos casos los candidatos de esos partidos se proclaman triunfadores, incluso con la participación de los presidentes nacionales de sus partidos. Sin que necesariamente digan mentiras, sí declaran hechos ciertos y comprobables, pero parciales. Sus dichos muestran lo que les conviene, no la versión
completa.

La enseñanza de las elecciones es que a nivel estatal los institutos electorales no tienen capacidad para determinar los triunfadores con certeza en el menor tiempo posible, de preferencia la misma noche de la elección. Entre menos tiempo transcurra entre el cierre de casillas y el anuncio del triunfador por parte del árbitro electoral, es mejor para la confianza en la democracia y para la tranquilidad social.

Los Institutos Electorales de Coahuila y del Edomex le han fallado a los ciudadanos de ambos estados al no poder determinar con oportunidad al ganador con toda claridad. No solo contribuyeron a la incertidumbre sino pueden motivar movilizaciones inconvenientes. Es de esperar que el INE, el organismo electoral nacional, esté mejor organizado para dar números muy precisos en 2018 y evite una incertidumbre similar o mayor. Se avizora una elección cerrada para entonces entre dos o tres partidos, y el mejor ofrecimiento que debe hacer el INE a la sociedad mexicana es darle
certidumbre.

daaiadpd@hotmail.com