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Incitadora de vocaciones

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Y yo había pasado por la vida tan solo de paso, lejana de mí misma”.

María Zambrano

Se descubrió un seno, mientras lo miraba a él con dulzura; y observó su sorpresa, pero también, la transformación instantánea de su cuerpo. El deseo ingresó por la mirada.

Era la primera ocasión que se encontraba con ella. No sabía bien a bien cómo comportarse. El nerviosismo se manifestaba en su titubeo al hablar.

Ella se había acercado, colocado una silla y sentado frente a él. Le había solicitado se tranquilizara, platicar y conocer expectativas, codicias…, necesidades. Dar tiempo. Pausa y clave.

Colocó la mano de él sobre su seno, incendiando su cuerpo, a pesar de sus piernas inertes. Así era él, de piernas inmóviles.

Él se confortó, y ella le dio respiro. En un momento dado, ya relajado, ella le pidió permiso, y acercó sus manos para acariciarlo.

Todo está en tocar y ser tocado, con la mirada, con las palabras…, con la carne.

*****

No recuerdo bien sobre qué hablábamos –nunca lo recuerdo–, cuando como por arte de magia, en una charla entre amigas, una de ellas soltó la frase: Incitadora de vocaciones. Pretexto perfecto, ya ustedes lo están viendo, para este texto.

Existen frases que nos provocan, que nos derraman ideas como ramas tienen los árboles. Palabras con embrujo propio y fuerza personal, que nos generan plática bulliciosa y nuevos apetitos.

¿Inspiradoras? ¿Quién los ha incitado a algo?, a una afición, a actuar, a no cejar; a reflexionar incluso pasado el tiempo a dedicarse o a hacer algo, quizá a llegar más allá, a dar el siguiente paso, aquél impensado. ¿Serán las personas más pesimistas? O, ¿acaso las que brillan, esas que nos llegan a incitar? ¿Serán acaso y necesariamente, aquéllas de mayores talentos?

Todas lo creemos, son aquellas personas en las que notamos algo distinto a lo que nosotros somos, aquéllas que de alguna manera nos descubren alguna partecita del mundo. Que nos iluminan o bien ponen en esa situación incómoda, frente a nosotros mismos. Esas son las que nos incitan.

Mientras charlábamos, nos enfocamos en un primer momento en nuestra profesión, y en si alguna ocasión incitamos a alguien a actuar de determinada manera sobre nuestro terreno de conocimiento, sin embargo, la incitación nos llevó a pensar en sexo, y en ¿cómo incitar? Y también, desde luego, en si sabíamos hacerlo, y si teníamos la situación tan clara, como para verbalizarla. ¡Qué difícil!

Pensando en sexo, entonces, ¿cómo incitar? La pregunta es, ¿podemos permanecer sin sexo, aún sin masturbación, caricias, por toda la vida? ¿Es natural? ¿Es una necesidad que al confortarse nos equilibra? ¿Nos hace mejores personas? ¿Acaso la felicidad nos hará mejores personas, acaso la tragedia? ¿Acaso de la comunicación de las miradas, las palabras y las pieles, obtendremos armonía?

Entonces nos la pusimos más difícil, porque recordamos una nota sobre un asistente sexual. Claro, él estaba en España, pero parecía que en esa profesión, sí tenían claro como incitar.

A nosotras, nos pareció un tema sensible y conmovedor. El poder ayudar, en la discapacidad, a una cuestión biológica tan necesaria. Una cuestión biológica, que proporcionaría felicidad, que se unía con la psicología y la cultura. Una figura especializada ante la discapacidad.

Pensamos en primera persona, si fuésemos nosotras quienes tuviéramos alguna diferencia física que nos impidiera tocar o tocarnos…

Todas estábamos dispuestas a aprender al respecto. Todas teníamos nuestra profesión, pero ¿por qué no cómo labor social, ayudar y dar placer a personas que lo necesitan?, porque si bien en Alemania, Bélgica, Holanda y Dinamarca se considera natural y necesario, solo está legalizada la figura del asistente sexual en Suiza. España es más reacio, aunque existe.Veríamos que encontrábamos en el país, y sí, descubrimos que hay diplomados al respecto en Grupo Educativo Interdisciplinario en Sexualidad Humana y Atención a la Discapacidad (GEISHAD). Todo un mundo por descubrir.

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