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Inconsubstancial | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- Para domeñar el miedo hacen falta agallas y valor. Para someter el terror hace falta voluntad política, inteligencia y capacidad. Para vencer al terrorismo hace falta aprovechar el sentimiento de unidad que hacia dentro y hacia fuera de las naciones producen los actos de barbarie, de crueldad y de cobardía como los que han aterrado al mundo cada tanto tiempo, y que a esta hora nos desnudan de vergüenza y de pavor. No hace aún quince años el mundo se estremeció ante la dimensión del aniquilamiento que sufrió la idea de la civilización en el corazón de Nueva York y ahora, en la propia entraña de Occidente, en el centro de París, el hombre recuerda al hombre que es una bestia fuera de toda racionalidad y de toda órbita.

2.- Parecería que todo el progreso de la ciencia, la erradicación de diversas formas del cáncer; que todo el avance del conocimiento, la raíz y el origen de la vida; que todo el adelanto tecnológico, el dominio del sistema solar, desaparecen junto con un chaleco suicida, en el estallido de una bomba en un centro de espectáculos masivo, en la terraza de un café, en la banqueta de la Plaza de la República. Pero no es así, ni nos lo podemos permitir: muy por encima de estos califas de Alá para quienes la vida propia no vale nada y la de los demás menos aún, y que generan el caos y el miedo en el mundo en su nombre, existe un poder superior que es la voluntad de los pueblos.

3.- Una vez más, las sociedades tendrán que arrostrar libertades por seguridad; de nuevo, el férreo control de puertos, aeropuertos, fronteras y concentraciones urbanas. Como en las cavernas a disfrazarnos de caníbales para que no nos meriende el de junto o nos prenda fuego o nos truene un cohete en el teatro, en el cine o el estadio y que ciegue las ilusiones y la vida de cientos de personas y sus dolientes. Ni Occidente –ni ninguna parte del mundo por ello-, tiene por qué resignarse al terror ni doblegarse ante la bestialidad irracional de un grupillo.

4.- Y porque no puede la naturaleza humana habituarse a la humillación del terror, la voluntad soberana de las naciones debe imponerse con la inteligencia y la razón, y con las armas, pero primero revisar qué pasó para que ese enajenado fanatismo, engendro de insondables caudales de ignorancia se hiciera del dinero, las armas y los kamikazes suficientes para inundar de miedo al mundo y avergonzarlo de su propia existencia. Es el crudelísimo mercado legal de las armas de destrucción masiva; el inhumano tráfico de personas; la gula de matar para cobrar fama; las generosas políticas migratorias de Occidente, o la suma de todos los factores.

5.- Porque resulta que los talentos que planearon los ataques de París pertenecían a ciudadanos europeos, como ha sido el caso en otras ciudades de ese continente; la joyita que ideó el cuadro de muerte y miedo era ciudadano de Bélgica, con lo que podía transitar sin pasaporte en todo el espacio Schengen, de modo que cuando el presidente Hollande manda bombardear sitios en Siria, los objetivos ya están cómodamente en Bruselas o en Amberes. Lo que sigue es que al transeúnte podrá en adelante prohibírsele esa libertad de movimiento, de ir al estadio o de simplemente circular por los Campos Elíseos o Regent Street.

6.- Al fanatismo desaforado del siglo VI, vale recordar a Roosevelt, porque lo único que debemos temer es al miedo mismo; somos 7 mil millones de posibles víctimas de unos cientos de enajenados, desecados además por las drogas que les quitan, justo, el miedo. La única forma de descabezarlos es tal vez como no se ha hecho a fondo en México: atacar sus finanzas, sus fuentes de armamento, y el círculo perverso de su adoctrinamiento.

camilo@kawage.com

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