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Incredulidad y credulidad

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Pozos Lanz

Incredulidad es una de esas palabras que, a fuerza de uso, por necesarias, se ponen de moda y se instalan en el vocabulario popular para no irse. No, mientras su contraparte, la credulidad, siga ausente de la vida diaria. Como si no creer o creer cada vez menos en todo y por todo, sea de verdad el signo de los tiempos.

Los ejemplos que pueden llevarnos a comprender mejor hasta dónde llegan como expresión pública la incredulidad y la credulidad menudean en la vida diaria, particularmente en la política, pero tal vez sea un poco ocioso tratar de explicar, en tan pocas líneas, términos que incluso se adentran en la psique humana y social.

A cambio pues de adentrarnos en esos procesos conscientes e inconscientes de la mente humana, y de sus complejidades, veamos un par de ejemplos prácticos que deben preocuparnos a quienes, desde el servicio público, de buena fe, realizamos acciones que sirvan realmente a los ciudadanos.

No es fácil en estos días contar con la credulidad de los ciudadanos, pero cierto es, demostrable además, que la Reforma en Telecomunicaciones impulsada desde el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto ha sido benéfica. Se acabaron las llamadas caras de larga distancia, por ejemplo, y bajaron las tarifas por la competencia que originó entre los prestadores del servicio telefónico.

No ha corrido con la misma suerte, y así hay que admitirlo, la Reforma Energética. Los cambios en la ley que permiten la inversión externa en exploración y producción de petróleo, seguramente en el mediano y largo plazos, nos dará resultados exitosos para beneficio del país.

Hay credibilidad en la Reforma en Telecomunicaciones porque está teniendo resultados positivos inmediatos, hay incredulidad, o menos credulidad en la energética porque los resultados no están siendo tangibles aún, lo que se ha conjugado con ese sentimiento nacionalista de la pertenencia del petróleo y cierto grado de inducción política que hace pensar a algunos sectores que nos van a robar el petróleo.

Hay datos que pueden ilustrarnos. Según la Encuesta Nacional de Ciencia y Tecnología elaborada por la UNAM en 2015, los mexicanos tienen más confianza en los horóscopos que en la ciencia. Se explica como una mezcla entre la valoración y el miedo, el desprecio y el desinterés.

Hoy hay muchas cosas que están pasando en nuestro país, cosas positivas. Desde el ejemplo de las Reformas Estructurales hasta la Fiscalía Anticorrupción pasando por leyes y acciones ejecutivas que están haciendo la vida menos difícil a millones de mexicanos hasta la aplicación policiaca que tiene ya en detención a exservidores públicos acusados de diversos delitos que han lastimado a sus pueblos.

Y sin embargo, hay que aceptarlo así, el ánimo de incredulidad entre la sociedad mexicana se percibe, incluso se siente. Es cierto, las noticias sobre políticos corruptos, de autoridades que defraudaron la confianza social, que se enriquecieron con el dinero del pueblo, representa, representan un agravio para la nación.

Y no se trata de simplemente darle la vuelta a la hoja de agravios. Se trata, eso sí, de que la credulidad gane espacio a la incredulidad. ¿Cómo? Tan fácil y tan complejo, tan de sentido común, que pareciera imposible: hacer las cosas bien.