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Independencia, ¿de qué?

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

Festejamos otro año más de independencia. Como en cada celebración, las fiestas no se hacen esperar y todos estuvieron atentos al famoso “Grito” que suelen dar los gobernadores, alcaldes y el Presidente de la República. Los mexicanos nos congregamos en las plazas públicas y esperamos que el gobernante en turno salga al balcón del Palacio de Gobierno o del Palacio Nacional a dar el grito. Pero la pregunta que tenemos que hacernos obligadamente es si tenemos idea de lo que estamos diciendo o qué cosa estamos festejando. Nos independizamos hace muchos años de los españoles y formamos nuestro propio país. Pero van aquí algunas ideas de cosas de las que todavía nos falta independizarnos aún más.

En primer lugar, tenemos que independizarnos de los presupuestos públicos como única fuente de ingreso, de crecimiento y de producción. Cada año se espera con ansia que se presente el paquete económico correspondiente a dicho periodo, y con él, se discuten y se hablan de todas aquellas cosas que se ejecutarán durante los próximos meses. Pero no necesariamente estamos hablando de competitividad. Las empresas, las organizaciones, las corporaciones, las industrias, etc., están pendientes de cómo se piensa ejercer el gasto público, porque todos quieren quedarse con una tajada del pastel. La pregunta que tenemos que hacernos por fuerza es: ¿tenemos el nivel de competitividad y calidad requerido para que, aún sin depender de los presupuestos públicos salgamos adelante? No niego la utilidad del gasto que el Gobierno ejerce en cada periodo, pero estoy hablando de no depender necesariamente de ello. Y por supuesto, estoy hablando que tenemos que ofrecer productos, programas, bienes y servicios de alta calidad que puedan competir, sin importar si tenemos asegurado el gasto público o no.

La segunda cosa de la que tenemos que independizarnos con urgencia es la corrupción. Aunado al punto anterior, nadie puede ofrecer un producto o servicio de calidad si no tenemos en la mente la idea de ser transparentes, honestos y éticos en nuestro quehacer. ¿Por qué entonces es tan difícil deshacernos de la corrupción? Porque en buena medida es dinero fácil. Y los presupuestos públicos se prestan para ello, si quienes los manejan no tienen una idea clara de dónde están sus límites y qué cosas se permiten y qué cosas no. La corrupción está ligada directamente a una mala calidad de aquello que producimos en cualquier sentido.

Y la tercera cosa de la que tenemos que independizarnos es de los privilegios. El Estado de Derecho no puede imponerse en México porque no nos decidimos a dejar atrás ese ambiente en donde la corrupción es posible, y donde los privilegios están a la orden del día también. Si un país no fortalece su Estado de Derecho no tendrá certidumbre sobre nada. Y la incertidumbre es una de las principales cosas que destruyen nuestra competitividad. Si los inversionistas -por ejemplo- de una gran empresa no tienen certeza de su dinero y de las leyes que lo van a proteger, entonces estamos perdiendo una enorme oportunidad de ser más competitivos.

Como se puede ver, todas las cosas están interrelacionadas unas con otras. Son como los vasos comunicantes de la nación: si corregimos uno, los otros también acabarán por modificar su comportamiento. Y actualmente lo necesitamos. Estoy convencido que si dejamos atrás nuestra enorme adicción a la corrupción, los presupuestos públicos y lo privilegios, podríamos tener, todos, el país que soñamos. Quizá es momento de dejar de pensar en la independencia de los años 1800 y empezar a pensar en lo que necesitamos hoy.

www.federicoling.com y @fedeling