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Indignante, el trato de Trump a las mujeres

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aarón Pozos Lanz

Faltan 10 días para la elección del próximo Presidente de Estados Unidos y todo indica, para tranquilidad de México y del mundo, que la demócrata, Hilary Clinton, tiene las mayores posibilidades de ganar.

Innumerables analistas, expertos en temas de política exterior, de economía y mercados alrededor del planeta, nos han advertido del peligro que representa la Presidencia del país más poderoso del mundo en manos de Donald Trump. El presidente Obama ha subrayado una y otra vez que Trump no está preparado para gobernar su país. Y si fuera poco, republicanos importantes, como el exsecretario de Estado de Bush, Colín Powell, anunció que votará por Clinton pues el candidato de su partido “no está calificado para ser presidente”.

El filántropo e inversor, Bruce Kovner, que ha dado tres millones a su campaña, dijo que Trump “es un hombre peligroso, demagogo, que no está preparado para la responsabilidad del Presidente de Estados Unidos”.

Por si su falta de preparación no fuera suficiente, quizás lo más repugnante en torno a la figura de Trump es, y ha sido, su comportamiento con las mujeres. Más de una docena han revelado sus amargas experiencias, de actos inapropiados y acoso sexual, con el magnate inmobiliario, hoy candidato del Partido Republicano.

Lo que se ha venido revelando de Trump y su trato a las mujeres nos genera repugnancia y asco. Lo mismo han sentido ricos contribuyentes norteamericanos que han planteado que el Comité Nacional Republicano se distancie de Trump.

El magnate David Humphreys, que ha donado dos millones de dólares a la campaña republicana, declaró: “Llega el momento en el que miras al espejo y tienes que reconocer que ya no puedes seguir justificando ante tus hijos, sobre todo ante tus hijas, el apoyo a Trump”.

El candidato republicano, lejos de asumir postura humilde que indique una conducta diferente, ha desestimado las acusaciones en su contra, sugirió que algunas de esas mujeres que lo acusan de toquetearlas y besarlas contra su voluntad, “no son lo suficientemente atractivas para que él intentará algo con ellas”. La soberbia absoluta y la mentira. Esas historias, ha dicho, son “una ficción total”.

Los ciudadanos del mundo, con asombro, indignación y vergüenza ajena, escuchamos la grabación de la conversación de Trump, hecha en el 2005, y dada a conocer por el Washington Post, en la que presume de tocar a las mujeres sin su consentimiento por el hecho de ser él una estrella de la televisión.

A pesar de su negación y los intentos de su campaña de minimizar el tema, es evidente su falta de respeto a las mujeres y en general a todos aquellos diferentes a él. Ha sido un candidato caracterizado por discursos incendiarios y de odio que nos deben indignar a todos. No podemos olvidar los ataques, insultos y ofensas de Trump a los mexicanos. Nos ha dicho, le ha dicho a nuestros paisanos, trabajadores que allá aportan su fuerza de trabajo para que Estados Unidos funcione como nación, asesinos y violadores. Nos amenaza con la construcción de un muro fronterizo (que ahora dice pagará su país y México le devolverá el costo) y con la deportación masiva.

Donald Trump es, por supuesto, un peligro que los mexicanos debemos advertir y que los latinos en general, sobre todo los que pueden votar en Estados Unidos, tienen en sus manos el rumbo del país y probablemente del mundo.

Falta un tramo, unos días, para la elección y no nos queda más que ser espectadores de la que se dice es una de las democracias más sólidas del mundo y trabajar para reconstruir el daño al tejido social que esta campaña ha causado.