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Inés Arredondo, claves para leer su obra

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

Hace años me regalaron un libro de esta escritora, pero no recuerdo si era “La señal” o “Río subterráneo” (tenía unas flores de buganvilia en la portada, de la colección SEP Setentas). Lo leí pero no lo entendí, más bien no me gustó porque lo sentí oscuro y con prevalencia del mal sobre el bien en ambientes que, en esa primera lectura, me provocaron más angustia que interés; fue hasta leer “Luna menguante” y “Seis niñas ahogadas en una gota de agua”, de las doctoras Claudia Albarrán y Beatriz Espejo, respectivamente, comprendí mejor a la escritora y su obra. Ambos libros contienen apuntes biográficos, “Luna menguante” hace un excelente trabajo de biografía, incluso desde sus abuelos, figuras familiares sumamente importantes para Inés Arredondo. El libro de Beatriz Espejo hace, en solo unas breves páginas, un recorrido por las características más relevantes de la personalidad de Inés Arredondo. Ni Claudia Albarrán, ni Beatriz Espejo no mencionan algo perceptible para alguien entrenada para percibir males del alma ¿será depresión, angustia, ansiedad o dolor? O una mezcla de lo anterior…
Inés Amelia Camelo Arredondo

Nació el 20 de marzo de 1928, en Culiacán, Sinaloa; desde pequeña fue una niña atípica, con una rebeldía latente en una sociedad bien configurada por el poder patriarcal; su padre y su madre la trataron muy bien, pero fue su abuelo materno, un hombre extraordinario tanto por su físico (ojos de intenso azul, una estatura de casi dos metros) y por el amor para su nieta mayor quien la animó a estudiar lejos de la casona que los Camelo Arredondo tenían en Culiacán. La figura tutelar encarnada en papá Pancho fue tan intensa como para quitar el segundo nombre “Amelia” y el apellido “Camelo” para quedar como Inés Arredondo como homenaje a su abuelo; no solo enfatizó la filiación con Francisco Arredondo, el grandote con ojos claros, sino que prefirió anular el nombre que recibiera de su abuela paterna y el apellido de Mario Camelo, su padre. Otra vez aparece un vestigio, si no médico, ahora sí con implicaciones ¿psicológicas? Porque es notable en su obra la sensación de distanciamiento con la vida, en fin, si lees los 34 cuentos lo encontrarás en cada relato, no te fijes mucho en mi propia lectura, mejor haz la tuya, que seguramente, será diferente.
Infancia en el Paraíso

A poca distancia de Culiacán, en Eldorado, estaba esta maravilla creada por la mano del hombre en un lugar insólito. Fue un ingenio azucarero, también productor de frutas como lichis, cuadrados y mangos de muchas variedades. En El dorado trabajó su abuelo, Francisco Arredondo como encargado, ahí pasaba Inés Arredondo las vacaciones de verano con sus seis hermanos. Mientras ellas y ellos comían, jugaban y dormían, la hermana mayor, Inés, con toda seguridad miraba con inusual atención y guardaba en alguna parte de su memoria elementos como el calor, la humedad, las aves, la exuberante vegetación, los trabajadores del ingenio, la familia y la servidumbre para luego transformarlos en una narrativa inolvidable porque, de alguna forma, la lectora, el lector, llega a sentirse identificado con las mismas emociones de una infancia lejana pero, para todos, el paraíso perdido… aunque no siempre
perfecto.

Juventud rebelde

Le incomodaba el constante tumulto de sus hermanos y padres, ya que desde muy pequeña adquirió el gusto por aislarse en su recámara para leer. Asimismo, Mario Camelo, selectivo librepensador (que las ideas progresistas no aplicaran a sus hijas), deseaba para su hija mayor el objetivo de las niñas bien de Culiacán: terminar la secundaria y casarse con un buen hombre (léase: probablemente, una alianza favorable para la familia). La joven Inés, de 16 años, con el respaldo abierto y generoso de su abuelo Pancho y el acuerdo tácito y tímido de su madre se fue a Guadalajara a estudiar la preparatoria y separarse prematuramente de su familia a quien nunca olvidó en sus relatos.
Universitaria

Desde esa plataforma de libertad en Guadalajara, Inés eligió como siguiente destino la Ciudad de México para estudiar filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Al estudiar a Nietzsche y Kierkegaard tiene una primera y muy grave crisis porque no concebía la vida sin un Dios. Su médico le aconseja dejar la filosofía por las letras hispánicas, donde encontraría la preparación necesaria para pulir su talento narrativo. Una segunda crisis, ya casada con el poeta Tomás Segovia, fue la muerte de su segundo hijo, Francisco. Tiene un texto sobre perder un hijo que es tan inolvidable como incomprensible.
Veintiséis años sin Inés Arredondo

Murió mientras veía la televisión el 2 de noviembre de 1989, pronto será su aniversario luctuoso, qué mejor homenaje que leerla. Su obra está reunida en un magnífico libro editado por el Fondo de Cultura Económica. No obstante ser “autoconclusiva” la obra de Inés Arredondo, es muy recomendable leer algo sobre su vida, Claudia Albarrán (libro editado por Juan Pablos) y Beatriz Espejo (recién editado por la Universidad Autónoma Metropolitana) revelan las claves de su lectura.