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Ingresos por los suelos

  • Benjamín González Roaro

Una de las vías más inmediatas para salir de la pobreza es el ingreso generado desde una fuente de trabajo formal, con estabilidad, decentemente remunerado y seguridad social. Existen otras opciones más efectivas, como es el caso de la educación, sin embargo, la contribución de ésta al mejoramiento de las condiciones de vida de las personas es resultado de la instrumentación de políticas de Estado encaminadas a elevar la calidad, aunque sus beneficios son visibles en el largo plazo.

En días recientes, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), presentó las conclusiones de su estudio “La Evolución del Ingreso en los Hogares Mexicanos en los últimos 25 años”. Destacan tres aspectos relevantes: a partir de 2006 el ingreso en los hogares ha fluctuado pero no se observa alguna recuperación en los últimos diez años, actualmente, el ingreso de los mexicanos es menor que en 2006 (231 pesos menos) y, los ingresos registran un comportamiento acorde al ciclo del crecimiento económico.

Lo anterior significa que, a lo largo de 25 años, el ingreso en los hogares mexicanos se ha mantenido estancado y lo que es más grave, dadas las escasas expectativas de crecimiento económico, no existen condiciones para su recuperación.

Hace dos semanas, el presidente Peña Nieto dijo que en el mes de mayo de este año se crearon 27 mil nuevos empleos y en lo que va de su administración se generaron 2.7 millones de empleos formales, sin embargo, como anteriormente lo comenté, no se dice que se trata de empleos de mala calidad y mal pagados, como resultado del proceso de pauperización del mercado laboral. No basta con generar fuentes de trabajo, es fundamental que éstas retribuyan un salario decente.

La propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que los mexicanos perciben el peor salario en comparación con el resto de los países que integran este organismo, estamos por debajo de Chile, Letonia y Eslovaquia.

Si la comparación es con respecto a los países de Centroamérica, los mexicanos también están muy mal pagados, ganan más en Costa Rica, Panamá, Guatemala, Belice, Nicaragua o El Salvador.

El Coneval tiene razón al señalar que la condición para incrementar el ingreso de las familias radica en que el país logre un mayor crecimiento económico -y con ello, un incremento de la productividad-, así como una mejor distribución del ingreso.

Al plantearlo en dichos términos, lo que el Coneval no dice de manera explícita es que en el mediano y largo plazo no existe posibilidad alguna de que el ingreso de los mexicanos pueda mejorar.

Las perspectivas para crecer económicamente no han sido nada alentadoras. El año pasado los pronósticos del gobierno ubicaban un rango de crecimiento entre 2.6 y 3.6 %, durante todo 2016 se fueron haciendo ajustes a la baja, hasta cerrar en 2.1, lejos de lo
esperado.

Para el 2017 se estima un crecimiento entre 2 y 3 por ciento, lo cual está en duda. Recordemos que en el año 2013, el gobierno federal sostuvo que, como resultado de las reformas estructurales, el PIB crecería 5.2% para este año.

Y, si no hay crecimiento ni generación de riqueza, tampoco puede pensarse en una justa distribución de la misma.

Lo más lamentable de todo, es que en los próximos meses daremos inicio al proceso electoral presidencial para el 2018, nuevamente, más que soluciones, escucharemos promesas y más promesas.