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Inicio del ciclo escolar

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

La educación es una de las principales asignaturas pendientes en México. Desde muchos frentes se ha apoyado a la Reforma Educativa de 2013, tan necesaria e indispensable en un país que sufre de retraso permanente.

Toda ley o reforma, en su caso, es perfectible y la Educativa cae precisamente en esas circunstancias. De ella, lo que más destaca es la parte referida a la evaluación de los maestros y sobre todo la decisión del Estado de poner fin a una situación caótica de la propia educación, principalmente primaria, por el bajo nivel de sus alumnos, entre otros por la permanente suspensión de actividades del profesorado en aquellas entidades más rezagadas y por muchos vicios adquiridos a través del tiempo. El problema es que las cosas se han complicado y ya no es solo una parte del profesorado la que está hoy involucrada.

La preocupación por llevar adelante la Reforma se extendió a diversos sectores de la sociedad, pero en estos casi tres años no solo concitaron aprobación, sino de las reacciones más negativas por los mismos o diferentes motivos por su origen o por sus consecuencias: el profesorado inconforme y disidente, la Iglesia católica, parte del sector empresarial y por supuesto de todos aquellos que simplemente no les conviene.

De estos últimos, no sería la primera ocasión, desafortunadamente, que haya incitadores a los que no les conviene dejar atrás su pasado de canonjías y corrupción en el manejo de los bienes educativos. Sabemos que la misma pobreza y por consiguiente educativa, da para hacer campañas y mantener a las poblaciones en un alto nivel de ignorancia. Los intereses internos y externos están a la vista.

Lástima que de manera lenta el Gobierno federal ha entendido que la Reforma está incompleta y que le ha faltado mayor rigor académico para su instrumentación. El problema se ha visto de manera educativa fraccional, sin tomar en cuenta el entorno general multifactorial; de ahí los tintes políticos.

Sin embargo, ello no justifica que dirigentes y aliados cierren e impidan el inicio del ciclo escolar. Aunque este año es menor el número de planteles públicos que no abrieron el lunes, esa minoría representa a más de un millón y medio de alumnos sin clases otra vez. ¿Cuánto ha costado al país en términos económicos y sociales esta situación?

Cualquier intento de cambio al anquilosamiento en que se ha encontrado la educación requiere de diferentes estrategias; pero, de extenderse, más estamos hablando de una o varias generaciones disfuncionales de niñas y niños, sin mayores opciones de avanzar en los siguientes niveles de instrucción y poderlos insertar en nuevas expectativas de vida.

Habrá que preguntarse también hasta dónde como sociedad estamos contribuyendo y si los gobiernos Federal y locales deberían cambiar también su estrategia de difusión y comunicación de los logros alcanzados y reconocer ya lo que falta por hacer y modificar. Los opositores avanzan más que los propios medios institucionales y la realidad muchas veces llega distorsionada. Lo tendremos que seguir repitiendo.