imagotipo

Innovaciones tecnológicas provocan desplazamiento del factor trabajo

  • Alejo Martínez

Pilar Ferreira: loable ejemplo de periodismo profesional que hizo honor a su nombre fungiendo como sólido pilar de impulso a nuestra cadena OEM de diarios

  • Alejo Martínez Vendrell

La economía mundial está viviendo unas notables tendencias tanto a la concentración económica como a la concentración del ingreso, abarcando a todos los países y con mayor intensidad a los Estados con mayor nivel de desarrollo. Dejemos a un lado a la concentración económica (que está siendo impulsada por el prevaleciente imperativo de alcanzar competitividad en el nivel planetario o con la máxima extensión posible, a fin de evitar arriesgarse a ser desplazado por grandes competidores) y enfoquémonos por ahora en la concentración del ingreso.

En enero de 2014 Oxfam dio a conocer que tan solo las 85 personas más acaudaladas del mundo poseían un monto de riqueza igual al de la mitad de la población más pobre del planeta, es decir, unas tres mil 500 millones de personas. Cada uno de tales acaudalados detenta lo que poseen 41 millones 176 mil 470 personas. Una diferencia verdaderamente escandalosa. En enero de 2015 la Oxfam aportó otra alarmante estadística: la participación en la riqueza que poseía en 2014 el 1 por ciento más rico del planeta alcanzaba ya el 48 por ciento de toda la riqueza existente y mostraba una tendencia ascendente ya que en 2009 ese privilegiado 1 por ciento tenía cuatro puntos menos: el 44 por ciento. Además se prevé que supere el 50 por ciento al finalizar este año y que para 2020 alcance el 54 por ciento.

Aun cuando el PIB mundial siguiera creciendo, el reparto de ese producto resulta ser cada vez más desigual. La concentración del ingreso y la riqueza en cada vez más pocos implica una marginación del ingreso y la riqueza para muchos o más bien para demasiados. Aun cuando con frecuencia se inculpa al repudiado neoliberalismo de todos los males sociales, esta brutal tendencia a la concentración del ingreso, por desventura, planta sus raíces en algo más profundo y sostenible que una corriente ideológica que ya ni siquiera es dominante sino que va en decadencia.

La concentración de la riqueza y del ingreso hunde sus raíces en los deslumbrantes y vertiginosos avances que han experimentado la ciencia y las tecnologías desde el nacimiento de la Revolución Industrial, pero en forma más acentuada desde que han venido precipitándose las innovaciones tecnológicas, lo cual se comenta que es posible ubicar su despegue en la década de los 1930, cuando se iniciara en Alemania y muy pronto se extendiera por todo el mundo desarrollado la entonces exótica idea de contratar personal con sofisticados niveles intelectuales, ya no para que trabajara en la línea de producción, sudando la gota gorda para generar los bienes o servicios que proporcionan los imprescindibles ingresos de las empresas.

Se empezó a contratar personal caro no para producir ingresos, sino para gastarlos, para dedicarse al ocio creativo de imaginar, de hacer costosas pruebas, de echar a perder material mientras se investigaba cómo se podían mejorar tanto los productos como los procesos de producción. Esas tareas que nacieran como exóticas contrataciones desligadas del fundamental proceso productivo, han resultado de una rentabilidad verdaderamente asombrosa y en la actualidad se contratan ya numerosos ejércitos de ociosos dedicados no a la producción sino a la creatividad. Apenas durante las últimas ocho décadas la humanidad ha tomado consciencia de esa realidad que Alvin Toffler ha sintetizado en la frase: “se puede crear más valor con una buena idea en 10 segundos que en 10 mil horas en una línea de ensamble”.

Esa intensiva creatividad innovadora ha traído como consecuencia un enorme incremento de la productividad, pero lo ha hecho fomentando la utilización de modernos equipamientos y tecnologías que implican elevados recursos de capital con natural desplazamiento de mano de obra. El desafío que la humanidad enfrentará de manera cada vez más y más acentuada radica en diseñar fórmulas que permitan una mejor y más equilibrada distribución de la cada vez más acrecentada capacidad de generación de riqueza. Un desafío mayúsculo para el cual las cúpulas políticas vigentes se están mostrando sumamente inadaptadas o incapacitadas.

amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

El enorme reto de lograr que la agigantada capacidad de producir riqueza se distribuya con equilibrio.