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Intervención

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

El primer Estado intervencionista occidental lo organiza Franklin Roosevelt y lo pone a funcionar durante los primeros 100 días de su Gobierno que comenzó el 4 de marzo de 1933. Habían terminado los 12 exasperantes años de la depresión que comenzó el “jueves negro” de octubre 29 de 1929, la cual se extendió a lo largo de las administraciones de Harding, Coolidge y Hoover. El tesorero de los tres fue el atildado banquero Andrew Mellon. Incesantemente les ordenaría a cada Presidente: ¡No se meta con la economía! ¡Y menos con los banqueros!

La depresión fue resultado de las deudas no pagadas al Gobierno de Estados Unidos por las potencias que salieron triunfadoras de la Primer Guerra Mundial. La depresión estadunidense afectó a todas las economías del mundo. Millones de americanos se quedaron sin trabajo. Muchos libros de Historia registran la incapacidad de Hoover para suavizar la crisis de pagos que dejó crecer. Historiadores de la economía afirman que Hoover podría haber paliado los efectos de la depresión si se hubiera atrevido inhibir la especulación promovida por los corredores de acciones. En marzo 6 de 1933, a escasos dos días del inicio de su periodo de Gobierno, Roosevelt anunció el cierre de bancos para enfrentar la depresión. El 12 de marzo Roosevelt inició la primera de sus “Charlas al calor de la Chimenea” –Fireside Chats— un sobrio programa de radio para informar medidas de control financiero que se ponían en práctica cada día, como la distribución de billetes y monedas que el “Banco central” de Estados Unidos efectuaba de conformidad con la demanda de los cuentahabientes. “Queridos amigos”, –dijo al comenzar su primera plática–, quiero hablar con algunos de ustedes que entienden la mecánica bancaria. Deseo comunicarme especialmente con la gran mayoría que acude a los bancos para hacer depósitos y cheques para efectuar pagos. Quiero señalarles de entrada que los depósitos que ustedes hacen en sus cuentas, los bancos no los guardan en una caja fuerte.  Emplean ese dinero que es de ustedes, de muy variadas formas. Entre otras: para comprar bonos, papel comercial, cédulas hipotecarias o darlo en préstamos a corto y mediano plazos. Estamos proveyendo a los bancos de monedas y billetes para suplir los que ellos tomaron de las cuentas de ustedes sin avisarles. Y no hay nada complicado ni nada radical en lo que estamos haciendo. Padecemos un problema bancario. Algunos de los banqueros demostraron su deshonestidad en el manejo de los fondos de ustedes. Emplearon el dinero para especular y prestar sin garantías. Esto no lo hicieron todos los banqueros.  Lo hicieron algunos. La irresponsabilidad de unos cuantos, perjudicó a los demás.

Roosevelt devolvió la confianza y la banca se ciñó a las nuevas disposiciones. El control bancario y los grandes sistemas de riego de Nevada, Mississippi y Luisiana ocuparon a miles de desempleados. Estas leyes se conocieron como Glass-Steagall Act. Estuvieron vigentes hasta los últimos meses de la administración de Clinton. Las derogó en los meses finales de su Presidencia. Algo ayudó su decisión para que sus actividades en la oficina Oval con una becaria pasaran inadvertidas… formalmente. La administración federal mexicana habrá de anticipar dificultades económicas a lo largo del tedioso primer cuatrienio de Trump.  Y debe promover legislación para que la inversión federal de emergencia y los controles a la especulación sean oportunos y eficaces. No hay otra manera de evitar la especulación sino con la intervención correctiva determinante de las autoridades financieras
federales.