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Invertir en Educación

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

  • Innovación social para transitar a un nuevo curso de desarrollo

La incertidumbre que han generado las controvertidas declaraciones y propuestas de Donald Trump, han propiciado un clima de especulación sobre las consecuencias que podría sufrir México en caso de que Estados Unidos recurra a un recalcitrante proteccionismo y a una agresiva política fiscal, que conduzcan a un desencuentro con la política monetaria de la Reserva Federal.

Una de las mayores preocupaciones que esta perspectiva ha ocasionado se centra en los flujos de inversión extrajera. Mientras hasta ahora se tenía que competir con otras economías emergentes para atraer flujos de capital, se avizora que a partir de este año Estados Unidos comience a ser considerado un atractivo destino para los inversionistas internacionales.

Sin embargo, los recursos siguen llegando, aunque a un ritmo mucho menor, a pesar de las anunciadas cancelaciones de posibles proyectos de inversión en nuestro país. Adicionalmente, el gobierno mexicano ha decidido recurrir a las asociaciones público-privadas para impulsar la inversión en obras y servicios públicos, con lo cual comienza a preverse un mejor comportamiento de las actividades económicas durante este año. No obstante, la decisión de mayor trascendencia consiste en la transformación del sistema educativo del país, para que los recursos presupuestales que se le asignan, en lugar de constituir un gasto, se convierta en una inversión para la formación del capital humano que se requiere en este siglo.

Después de romper el corporativismo magisterial que propiciaba prácticas de corrupción y de simulación, se ha continuado con la redefinición del modelo educativo y a la atención a la infraestructura educativa adecuada para llevar el proceso de aprendizaje. El énfasis en los alumnos de los ciclos de educación básica y hasta media superior, ha cambiado de la memorización, al aprendizaje para aprender. De esta manera, se busca que el sistema educativo apoyado en el ejercicio del razonamiento, nos pondrá en el camino de las mejores prácticas educativas, como sucede en Finlandia, país líder en la materia.

Sin embargo, también en la educación superior, las universidades e instituciones de enseñanza deben también a adecuar su modelo educativo para que los jóvenes, además de apropiarse de los conocimientos y generar nuevos, sean capaces de saber aplicarlos para resolver problemas concretos y para generar innovaciones, en lugar de aplicar mecánicamente conocimientos asimilados y aplicados como si fueran recetas.

Al respecto el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo, conjuntamente con la Fundación Rockefeller, están llevando a cabo, esta semana, en Bogotá, Colombia la Cumbre Mundial sobre Innovación Social, en la cual se ha puesto de manifiesto, mediante el intercambio de conocimientos, experiencias y recursos, que el cambio para hacer frente a los retos sociales que plantea la pobreza y la desigualdad en los grupos más vulnerables, se tiene que hacer con una visión sistémica.

La solución, se ha señalado en la Cumbre, requiere mentes abiertas que puedan encontrar nuevos caminos a través de considerar antiguas medidas para atender viejos problemas. De tal manera, las universidades mexicanas deben transitar de preparar alumnos para resolver exámenes de opción múltiple, a formar profesionistas con sensibilidad social que puedan proponer alternativas viables para resolver añejos lastres del crecimiento del país. En este aspecto la Facultad de Economía de la UNAM ha venido elaborando propuestas, teórica y políticamente plurales, para que la economía mexicana siga un nuevo curso de desarrollo, frente a la aplicación de modelos económicos importados.
miggoib@unam.mx