imagotipo

Invisibles / Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Fernand Braudel, el historiador de la larga duración, recordaba que comenzó a pensar en el concepto Civilización Material en 1950, cuando Lucien Febvre le impuso amistosamente la obligación de participar en una colección de historia general intitulada Destinos del Mundo.

Su Civilización Material se limitaría al campo de la economía. Pero la obra le planteó desde su inicio numerosos problemas de los cuales, el menor “no es que la economía, en sí, es evidente que no existe”. También suscita incesantes dificultades la historiografía en constante evolución…que incorpora, con bastante lentitud, a las demás ciencias humanas.” Y de inmediato afirmaba que la llamada historia económica “no es la historia noble”. La historia noble es el navío que construía Lucien Febvre, en el que incluía a Holbein, Mantegna y a Jerónimo Bosco, Leonardo, Carlos I de España y V de Alemania, Calvino, Vasari…

Sea o no sea noble o menos noble que otra, “la historia económica no debería dejar de plantearse los problemas inherentes a la historia integral de los hombres”, hoy contemplada desde la coyuntura, durante las crisis y desde el punto de vista que les es conveniente a unos cuantos manipuladores del dinero. Lo que implica Braudel, es el estrecho rango de problemas que registra la economía como sus objetos de estudio y consideración remedial. La economía ignora la historia que evoluciona lentamente a lo largo de amplios periodos. Y se pregunta Braudell: ¿Cómo podríamos organizar semejante cúmulo de hechos y explicaciones? Y se contesta: Habría que elegir los equilibrios y desequilibrios profundos que se producen en el largo plazo…la coexistencia de las rigideces, inercias y torpezas de una economía aún elemental con los movimientos limitados y minoritarios, aunque vivos y poderosos de un proceso de cambio y crecimiento contemporáneo, actual, insoslayable. “Por un lado están los campesinos en sus pueblos que viven de forma casi autónoma, prácticamente autárquica”. Y por otro, una economía de mercado y un capitalismo en expansión que se extienden como una mancha de aceite, se van imponiendo y prefiguran el mundo en el que ya vivimos, que se extenderá lentamente, largamente, inexorablemente.

La historia económica es una historia oscura, fuera de la conciencia clara de los hombres, lejos de la comprensión de la sociedad y manipulada por unos cuantos especialistas en cálculos cibernéticos, es decir, del Gobierno a distancia, que marcan el final de la era de expansión de crédito basada en el dólar como la moneda de reserva internacional de valor. Se explicó en agosto de 2007 que el mundo de las finanzas a través de los fondos protegidos, creó una burbuja que se deshizo. Y comenzaría la crisis que se parece a las que han ocurrido a lo largo de los 30 últimos años, pero que es totalmente distinta. Se habrá de desechar el paradigma prevaleciente: los mercados financieros tienden al equilibrio.

A partir de entonces, lo conveniente habría sido encontrar soluciones internas, fundamentadas en las particulares circunstancias de la agricultura con base en tecnología elemental, y el incremento del empleo tradicional. México tendría que haber centrado su atención en los 11 millones de habitantes invisibles en las zonas de refugio “cultural” pero que saben producir en las faldas de las montañas o en los pequeños valles; e incorporarlos también a las manufacturas de herramientas de mano tan necesarias en la agricultura de subsistencia, que llegó a producir el 25 por ciento del faltante alimentario. Hoy los programas de alivio al hambre se convierten en fórmulas de proselitismo partidario, y las soluciones merecen el premio Nobel de la tontería. En 2012 el director de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas afirmó que “el tema del hambre es un tema relativamente resuelto. Los indígenas comen, tienen una madre tierra, una naturaleza que les da los medios…de hambre no se mueren. En otros lugares desérticos pues no lo tienen así, pero en Chiapas, Oaxaca, Guerrero las condiciones de la naturaleza les dan elementos para vivir”.