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IosonoAmatrice, no más #JesuisCharlie!

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

¡Sí, yo soy Amatrice, no más #JesuisCharlie, porque el ultraje que el hebdomedario francés Charlie Hebdo ha proferido contra las víctimas del sismo que destruyó la ciudad italiana de Amatrice y asoló Accumoli, Pescara y Arquata, al publicar la viñeta de Félix: “Terremoto a la italiana” es injustificable. Corrompe su proyecto, golpea a toda la nación italiana, hiere y divide a un continente y atenta contra la humanidad cuando más necesitada de solidaridad se encuentra, frente al cisma ideológico y estructural que acecha con la desestabilización de un mundo en franca y vertiginosa carrera hacia su plena degradación! Por eso cimbra cuando el ministro del Interior Angelino Alfano denuncia: “Nosotros hemos llorado a sus muertos. Ellos se han reído de los nuestros”, cuando su homólogo de Justicia, Andrea Orlando condena el hecho calificándolo de repugnante y cuando se anuncia que Amatrice les ha denunciado penalmente por difamación. Pero ¿qué han dicho la Embajada de Francia y el director del semanario? La primera que “los puntos de vista de los periodistas son libres” y “no representan la posición” del país y Laurent Sourisseau (Riss), su director, la más banal y despreciativa de las justificaciones: “la muerte ha sido un tabú y debemos también transgredirla… es humor negro, nada de extraordinario… son alucinantes las dimensiones que ha tomado el revuelo en las redes sociales… estamos ante un hospital psiquiátrico abierto. La gente está completamente histérica”. ¡Inconcebible el grado de insensibilidad de sus declaraciones!

¿Es esto sátira? ¿Libertad de expresión plena? ¿Quién puede ufanarse de semejantes viñetas que hoy enfrentan a dos naciones? Solo quien está enfermo, cauterizado del alma. La sátira, como género literario extraordinario, nos fue legada por la antigüedad clásica con autores como Aristófanes y Quintiliano, y más tarde, fue cultivada en Francia por plumas como la de Rabelais, Voltaire y Daumier para impulsar un cambio positivo social al denunciar, cuestionar y evidenciar, a través de la ironía, los defectos y vicios del abuso del poder a partir de la crítica política, pero nunca ridiculizando a muertos siniestrados y menos a causa del embate de la Naturaleza. ¿Por qué el escarnio? Hacerlo desvirtúa la esencia de toda sátira y le transmuta en un deleznable y abominable culto a la deshumanización total. Nada más lejano de un triunfo de la libertad de expresión a ultranza. Apenas una semana atrás nos horrorizábamos de cómo el odio de Donald Trump amenaza con carcomer a la humanidad, pero ahora también sobrecoge el constatar que quienes lograron sobrevivir a un ataque feroz y sanguinario se solazan del dolor y la muerte de cientos, miles de personas cuando aún siguen las labores de rescate y recién inicia la reconstrucción de los poblados devastados en pleno duelo.

Hasta ahora los tribunales europeos se han pronunciado sobre los límites a la libertad de expresión vinculados con la libertad religiosa, la no discriminación, la apología de la guerra y del odio, pero la nueva modalidad temática que ha inaugurado el periódico satírico francés va más allá. Hoy Charlie Hebdo se ha mofado del dolor y de la tragedia humana, y aún ha refrendado su irracional viñeta con otra nueva ofensiva, declarando que sus casas fueron “hechas por la mafia”. ¿Qué refleja su burla a la muerte? La atroz, lastimosa y patética decadencia de un proyecto otrora libertario, pues como dijo Paulo Coelho: “La burla del dolor ajeno solo demuestra la pobreza y miseria humana”, y éste es su caso: Charlie Hebdo se perdió. De ahí que nunca como ahora cobre sentido la lapidaria estrofa de Giacomo Facco, poeta árcade y visionario compositor de principios del siglo XVIII, cuando en su cantata Emireno D’ Egitto exclama: “Con las cenizas de un muerto, quien se encrudelece, de sangre noble no es, no tiene sentimientos de piedad. Si negarme quieres el consuelo, no acrecientes además con la ira de tu corazón la crueldad”.
bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli