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Ira de los timados

  • Paul Krugman

Quizá necesitamos un nuevo clisé: Esto no se acaba hasta que Carly Fiorina canta. De cualquier forma, realmente ya terminó… definitivamente del lado demócrata, con alta probabilidad del lado republicano. Y los resultados no podrían diferir más.

Piensen en dónde estábamos hace un año. En ese momento, Hillary Clinton y Jeb Bush eran vistos ampliamente como los contendientes a la cabeza por el asentimiento de sus partidos. Si hubo disensión alguna de comentaristas, vino de aquellos que sugirieron que Bush pudiera ser suplantado por una cara más fresca, pero aún de la cúpula, como Marco Rubio.

Y ahora, aquí estamos. Sin embargo, ¿por qué Clinton, a pesar de la cobertura mediática más negativa de cualquier candidato en este ciclo -sí, peor que la de Donald Trump- se esforzó hasta el final, al tiempo que la cúpula del Partido Republicano cayó a una humillante derrota?

Seguramente hubo personalidades que jugaron un papel; digan lo que les gusta (o desagrada) de Clinton, pero ella es resistente y adaptable bajo presión, rasgo de carácter notable por su ausencia del otro lado. Sin embargo, esto se reduce esencialmente a diferencias fundamentales entre los partidos y cómo sirven a sus partidarios.

Ambos partidos políticos hacen promesas a sus bases. Pero, aunque la cúpula demócrata intenta más o menos cumplir esas promesas, la cúpula republicana esencialmente ha estado jugando a un engaño durante décadas. Y los votantes finalmente se rebelaron en contra del timo.

Primero, con respecto a los demócratas: Su partido se define como el protector de los pobres y la clase media, y particularmente de electores que no son blancos. ¿Se queda corto de cumplir esta misión buena parte del tiempo? ¿Están a veces sus líderes demasiado cerca de donadores de grandes recursos? Por supuesto.

De cualquier forma, si se ve el registro de los años de Obama, se ve acción real en nombre de los objetivos del partido.

Sobre todo, se tiene la Ley de Cuidado de Salud accesible, que ha dado seguro de salud a cerca de 20 millones de estadunidenses, con los mayores progresos para los pobres, minorías y trabajadores de bajos ingresos. Eso es lo que uno llama cumplirle a la base; y ciertamente una razón por la cual votantes que no son blancos han favorecido abrumadoramente a Clinton sobre un contendiente que, a veces, parecía descartar ese logro.

Y esto fue pagado en su mayoría con impuestos mayores a los ricos, con tasas fiscales promedio sobre ingresos muy altos registrando un aumento de alrededor de seis puntos porcentuales desde 2008.

Quizá usted crea que los demócratas podrían y deberían haber hecho más, pero lo que dice la cúpula del partido y lo que hace cuando menos está más o menos en línea.

Las cosas son muy diferentes entre republicanos. Su partido ha ganado elecciones históricamente apelando a la enemistad racial y la ansiedad cultural, pero su verdadera agenda estratégica está dedicada a servir a los intereses del uno por ciento, sobre todo mediante recortes fiscales a los ricos; lo cual no es apoyado ni siquiera por votantes republicanos, al tiempo que aborrecen verdaderamente ideas elitistas como la privatización del Seguro Social y el programa Medicare.

Lo que Donald Trump ha estado haciendo es decirle a la base que puede ordenar a la carta. Él, en efecto, les ha estado diciendo a agraviados hombres blancos que ellos también pueden alimentar su ira sin ser obligados a tragarse la economía de la oferta. Sí, sus verdaderas propuestas de estrategia siguen siendo sobre enormes recortes fiscales para los ricos, pero sus partidarios no saben eso; y posiblemente tampoco él. Los detalles no son lo suyo.

Republicanos de la cúpula han intentado contrarrestar su atractivo gritando, con creciente histeria, que él no es un verdadero conservador. Y están en lo cierto, cuando menos como ellos definen el conservadurismo. Pero, a sus propios votantes no les interesa.

Si hay un acertijo aquí, es por qué no ocurrió esto antes. Una posible explicación es la decadencia de la cúpula del GOP, que se ha vuelto estrecha de miras y ha perdido el contacto. Burócratas que han pasado toda su carrera adentro de la burbuja de centros de análisis estratégico de la derecha, y medios partidistas pudieran sufrir del engaño que su ideología es efectivamente popular entre personas reales. Y esto los ha dejado sintiéndose desgraciados en vista de un desafío trumpiano.

Sin embargo, probablemente reviste mayor importancia la colisión entre demografía y locura de Obama. La élite sabe que el partido debe ampliar su atractivo a medida que el electorado se va volviendo más diverso; de hecho, esa fue la conclusión del post-mórtem 2013 del Partido Republicano. Pero la base, su hostilidad a tope tras siete años de un presidente negro (que la cúpula ha dado su mejor esfuerzo por satanizar), no tolerará nada de eso.

En cualquier caso, el punto es que los divergentes resultados de la nominación de 2016 no son un accidente. La cúpula demócrata ha ganado porque, aunque imperfectamente, intentó servirles a sus partidarios. La cúpula republicana ha estado derrotada porque ha estado jugando un juego de timo a sus partidarios desde el principio, y ellos finalmente ya tuvieron suficiente.

Y sí, Trump está jugando su propio juego de estafa, y ellos también averiguarán eso más adelante. Sin embargo, no ocurrirá de inmediato, y en cualquier caso no ayudará a la cúpula del partido. ¡Triste!
© The New York Times 2016