imagotipo

Ismo

  • Pablo Marentes

PABLO MARENTES
Inventen un “ismo” para que tengamos bandera. Esta ha sido la consigna de los “políticos” a sus asesores económicos, propagandísticos, comerciales, semánticos, semióticos y ¡culturales! en las pasadas tres elecciones presidenciales mexicanas.

El prototipo de asesor es la joven especialista académica que acaba de inventar la no-historia o la historia del instante. En su columna semanal revela urbi et orbi que “el presente dura un instante y el instante es tan breve que es difícil de captar.” Así la especialista nos descubre la historia-de-los-instantes al afirmar que “el pasado es un archivo enorme de hechos y memorias”. Nos dice: cada decisión que tomamos en nuestro efímero presente va forjando un futuro que es…¡inevitable! como lo demuestran los primeros 17 años del nuevo milenio.” El vocablo elegido sonará respetable y quienes lo solicitaron lo emplearán para regañar y engañar al gran público del espectáculo y el drama políticos.

Antes del brexit comenzaron a surgir, renovadas, las palabras para designar a los marginados de los marginados. Así resurgió el epíteto ¡populista! y su ideología “populismo” que hicieron posible la confabulación de las cúpulas Republicana y Demócrata para derrotar al candidato postulado por el American People’s Party o Populist Party, que surgió con motivo de los pánicos provocados por el deterioro de la vida de los agricultores estadunidenses. Fue tan rápido el crecimiento de esas organizaciones que comenzó a aceptarse la idea de un tercer partido político. El Partido Populista se fundó en 1892. Y postuló a William Jennings Bryan, conocido como el joven orador del Río Platte, el “defensor de los agricultores pobres” quien habría ganado la elección presidencial de 1895 si no se hubieran coludido las cúpulas republicanas y demócratas.  Le ordenaron a McKinley que no se moviera del pórtico de su casa. Allí le llevarían grupos que deseaban verlo. Así ganarían la elección. Mientras, Jennings Bryan diseñó la campaña política de largos recorridos en tren y reuniones y discursos en cada estación para promover su candidatura, fórmula que aún emplean los candidatos presidenciales.
Bryan perdió la elección. Pero McKinley perdió la vida al tercer mes de su reelección. Lo asesinó un desempleado.

Las elecciones norteamericanas se conciben desde entonces como una prolongadísima tarea de relaciones públicas y saludos, desde el cabús del tren. En la Convención de cada partido, se decide el voto con referencia estricta al programa que presenta cada candidato Todo el proceso culmina en las dos convenciones y en los colegios electorales de cada estado. Dentro de ellos se decide la elección y se afina el programa de Gobierno. En cada convención deciden qué apoyarán o qué desecharán desde el poder presidencial. En la penumbra o en la oscuridad se señalan los premios y las sanciones para los gestores y sus representados.

Sin embargo, conviene recordar que las decisiones políticas, económicas y financieras nacionales e internacionales las promueven previamente los grupos de gestores –the lobby- en la penumbra de los executive suites económicas, comerciales, financieras, industriales y de entendimientos políticos. Aquí no existe un orden de prioridades nacionales concertado. Aquí cada legislador-funcionario-gestor trabaja para su santo. Y se olvidan de los ciudadanos en precaria situación laboral y bajísimos ingresos. La historia del instante es de quien la trabaja. Y eso es… temerario.